febrero 4, 2026
¿Y si la universidad escuchara al territorio?

IEB impulsa una reflexión crítica sobre el rol de la academia frente a la crisis socioecológica, junto a comunidades y saberes ancestrales
En el marco del XIII Encuentro de la Red Chilena de Ciencia, Tecnología y Sociedad realizada en enero, se desarrolló la mesa plenaria “Saberes en tensión frente a la crisis socioecológica”, organizada por el Instituto de Ecología y Biodiversidad -IEB- desde la Universidad de Concepción. El objetivo fue abrir un espacio de diálogo honesto y transformador para repensar el papel que juega la academia frente a los desafíos actuales del país y del planeta.
Durante la jornada, comunidades indígenas, recolectoras, activistas socioambientales e investigadoras compartieron experiencias, preocupaciones y propuestas que revelan una necesidad urgente: transitar hacia una academia que no solo observe los territorios, sino que los habite con respeto, compromiso y sensibilidad.
Escuchar, sentir, retribuir: hacia una ciencia comprometida
Entre los temas centrales de la conversación, destacó la crítica al extractivismo académico, entendida como una práctica que ha privilegiado históricamente la acumulación de conocimiento sin una relación equitativa ni respetuosa con las comunidades que lo sostienen. En contraposición, se planteó la necesidad de derribar ese modelo para construir vínculos genuinos y afectivos que permitan avanzar hacia una ciencia situada, sensible y transformadora. Se enfatizó, además, que el conocimiento no reside únicamente en las universidades, sino que está profundamente enraizado en las comunidades locales. Por tanto, se propuso una práctica académica que valore la recolección, la observación desde el sentir, y el acto de pedir permiso y devolver, reconociendo la importancia de los rituales, la reciprocidad y las conexiones ancestrales.
Asimismo, se reflexionó que no es posible proteger aquello que no se conoce, lo que vuelve aún más urgente el fortalecimiento de la educación con sentido territorial, especialmente en contextos donde se están perdiendo saberes, hierbas, alimentos, fauna y bosques. Frente a este panorama, se planteó que la formación universitaria debe ofrecer experiencias significativas desde las primeras etapas, promoviendo espacios de inmersión rural e indígena que ayuden a los futuros profesionales a comprender y valorar las múltiples formas de habitar y conocer.

Voces desde los territorios: articulación, identidad y transformación
Durante la mesa, se recogieron diversas voces que pusieron de relieve las tensiones y posibilidades de una relación más justa entre la academia y los territorios. La investigadora del IEB y académica de la FAUG UdeC, Mónica Ortíz, quien moderó la mesa plenaria señaló “me siento muy afortunada de poder colaborar con las personas del territorio. La formación de estudiantes es clave, y voy a seguir impulsando la descolonización de nuestros conocimientos, invitando a una perspectiva más plural e intercultural. Creo que concretamente, la manera más útil es que como investigadores del territorio contemos con los fondos y el tiempo para co-construir y co-diseñar proyectos directamente con las comunidades”.
Por su parte, la presidenta de la Fundación Humedales quien es parte de la comunidad Francisco Lázaro Marivil de Trovolhue, Tatiana Marivil, y quien estuvo reflexionando en la mesa plenaria afirmó que “resignificar el conocimiento ancestral a través del rescate de nuestro mapuche mogen (vivir mapuche) nos permitió comprender el profundo vínculo que tenemos con nuestro territorio y, especialmente, con nuestros sitios de significación cultural. De ahí nace nuestra preocupación por proteger este espacio. Esta es una oportunidad para un trabajo colaborativo entre la comunidad de Trovolhue, la academia, las universidades e instituciones públicas y privadas, fortaleciendo así el tejido social y la confianza entre actores”.
Finalmente, la machi Patricia Huinca presente en la mesa plenaria, compartió una mirada fundamental respecto al reconocimiento de las diferencias territoriales y su integración en la vida universitaria, “la universidad debería entender las diferencias entre cada territorio. Aunque sean distintos, comparten características que los vinculan a través del respeto. Eso también sucede dentro de la propia universidad, donde conviven estudiantes de localidades diversas, con experiencias y saberes distintos. Para que ese respeto se exprese en la práctica académica, es fundamental que se reconozca el territorio en el que se está y, desde ahí, se entrelacen conocimientos entre los jóvenes”, afirmó.
Junto a ellas, también compartieron sus reflexiones Cledia Flores, de la Agrupación de Nalqueras de Pehuén (Lebu), y Óscar Carrillo, de la Fundación Manzana Verde, quienes destacaron la importancia de fortalecer la creatividad territorial, recuperar prácticas de recolección tradicional, y abrir espacios de colaboración continua entre comunidades, universidades y actores públicos. Sus aportes permitieron profundizar en la necesidad de articular saberes locales, rurales, indígenas y científicos para abordar la crisis socioecológica desde perspectivas integradas y respetuosas.
Repensar la formación universitaria, desafíos para el presente
Uno de los ejes más profundos de la jornada fue la necesidad de repensar cómo las universidades forman a sus profesionales. Se planteó que es fundamental integrar desde la formación temprana experiencias que permitan compartir el espacio y la conexión con los territorios, de modo que las y los futuros profesionales puedan comprender, acompañar y sostener procesos transformadores junto a las comunidades. Esto implica superar la lógica de producir publicaciones como fin último, y comenzar a trabajar en base a las necesidades reales de las personas y sus territorios.
También se abordó la idea de que los territorios no son estáticos, y que, por tanto, las universidades deben flexibilizarse, adaptarse a sus movimientos y dinámicas, reconociendo que la creatividad territorial surge de la articulación entre saberes rurales, locales, indígenas y académicos. Acompañar procesos de gobernanza comunitaria —no solo iniciarlos— se identificó como una clave para construir políticas sostenibles en el tiempo, orientadas al bien común.
Una ilustración para el futuro
La jornada fue acompañada visualmente por el artista Francisca Veas (https://www.instagram.com/franveasiluciencia/), cuya obra ilustró las principales ideas compartidas: la deuda histórica de la academia, el valor del conocimiento situado, la necesidad de fortalecer vínculos afectivos, y la importancia de movernos de buena manera en los territorios. Esta pieza gráfica será difundida próximamente como un recurso para continuar esta conversación en diversos espacios educativos.

Caminos comunes, ciencia situada
La mesa fue moderada por Mónica Ortíz y contó con la participación de los investigadores del IEB Cristóbal Pizarro (UdeC) y Noelia Carrasco (Diálogo Intercientífico), junto a la colaboración de Xuksa Kramcsak, desde la Unidad de Comunicaciones del IEB.
La actividad fue organizada con el apoyo del Proyecto Anillo Pluriversos Climáticos, la Unidad de Transferencia de Conocimiento y Comunicaciones del IEB, y la Universidad de Concepción.
A partir de este espacio, se abre una invitación concreta a las universidades del país, revisar su rol, sus prácticas y sus vínculos con los territorios que habitan, en un contexto donde el futuro sólo podrá construirse desde la colaboración, el respeto mutuo y la justicia territorial.