noviembre 29, 2024
Ruta Nativa 2024: compartiendo el lazo que nos une

-Por tercer año consecutivo, el Instituto de Ecología y Biodiversidad, junto a Parquemet y Bosque Santiago, realizaron este programa de educación ambiental enfocado en el bienestar de personas mayores.
Con un baile de máscaras confeccionadas a mano y una serie de piezas de cerámica inspiradas en nuestra biodiversidad y las relaciones entre los seres vivos, el lunes 11 de noviembre culminó la tercera versión de la Ruta Nativa, junto a las y los adultos mayores de Fundación de las Familias de Recoleta. “El lazo que nos une”, fue la consigna que este año tuvo el programa de educación ambiental, en el que hubo espacio para el arte, las emociones y los vínculos entre personas y otras especies de la naturaleza.

“Estamos cerrando este tercer año del programa Ruta Nativa, del IEB, PARQUEMET y Bosque Santiago, que busca llevar la educación ambiental hacia personas mayores, pero no solamente a través de entregar conocimiento, sino además a través de conversar, compartir y desarrollar la sensibilidad ambiental por medio del arte”, señaló Nélida Pohl, directora de comunicaciones del Instituto de Ecología y Biodiversidad.
La serie de talleres se focalizaron en conocer las valiosas interacciones que ocurren en nuestros ecosistemas. Así, en la primera sesión, la atención estuvo puesta en los habitantes del suelo. La siguiente sesión estuvo enfocada en las plantas. Posteriormente las y los asistentes conocieron de cerca a guanacos y loros tricahue, dos herbívoros que actúan como dispersores de semillas, ayudando a la reproducción de muchas especies de plantas en nuestro país. Durante la actividad, buscando empatizar con lo que sienten los animales herbívoros, habitual presa del siguiente nivel de la trama trófica, también se compartieron los miedos entre las y los participantes, apareciendo ansiedades en torno a la oscuridad, la muerte, el viento y la soledad, miedos que luego rompimos y transformamos.

El programa también ahondó en rol de los carnívoros, animales que sostienen la trama trófica, aportando al equilibrio de los ecosistemas. Para ello, se visitaron a dos especies endémicas carnívoras: Antu y Mapu, las ágiles gatas colocolo que habitan en el Zoológico Nacional y que cautivaron con su desplante. Las y los asistentes también conocieron a Quika, una quique que come y juguetea con cucarachas gigantes. En esta jornada, se compartieron conocimientos sobre hábitos y características de éstas y otras especies cazadoras, sus problemas de conservación, generando un debate sobre cómo podemos convivir en armonía con los depredadores.

En los siguientes talleres, las personas mayores tuvieron espacio para expresar lo que aprendieron, las amistades nuevas que hicieron, la alegría compartida, el cariño desarrollado entre el equipo educativo y participantes, y nuevas miradas hacia animales y plantas. En ese contexto, también se conectaron con los valiosos descomponedores y los cóndores, en una sesión sobre los animales carroñeros.

Para amarrar el “lazo que nos une”, bajo la sombra de los árboles de Bosque Santiago, los últimos talleres estuvieron dedicados a poner las manos en la arcilla y diseñar diferentes objetos inspirados en la naturaleza y la experiencia de la Ruta Nativa, actividades que estuvieron guiadas por la artista y ceramista, Catalina Pérez. En estos objetos, que luego fueron pintados y llevados al horno, se plasmaron plantas, cóndores entre otras especies nativas.
Experiencia de participantes
Fortalecer el lazo que nos une desde la colaboración, y contribuir al bienestar humano y de nuestros ecosistemas y especies, es el objetivo que se vio reflejado en la experiencia de las y los asistentes.
Erica Pozo, se mostró contenta con su obra. “Nunca había tomado un trozo de arcilla y me salió, según dicen, muy bonita. Nadie sabe el artista que lleva adentro”.
“La Ruta Nativa es una maravilla. Hice un humilde macetero para poner en mi casa y encuentro que me quedó bonito, aunque nunca había hecho este trabajo. Ha sido muy lindo compartir con todas las compañeras y compañeros de la Ruta, además que nos atienden y nos tratan muy bien. Ojalá que se repita el próximo año. Uno se entretiene mucho acá y se olvida de los problemas”, comentó Carlos Robles.
Gloria González, también compartió su visión positiva de la jornada: “Ha sido una experiencia muy bonita. Hemos aprendido mucho y éste es mi tercer año de la Ruta Nativa. La gente es muy tierna y nos tratan muy bien, así que muy feliz de compartir. Ahora hice un macetero y quiero tallar bichitos y hongos que conocimos en los talleres, algo nuevo para mí”, explicó. 
Su compañera de mesa, Elisa Elizalde, también comentó: “Es el segundo año que participo y la verdad es que ha sido una experiencia inspiradora, renovadora. Éste es un espacio de relajo, acogedor, que te deja con nueva energía para llegar a la casa, algo que no es común porque vivimos en un mundo de cemento. Ahora me inspiré en una vasija y en un lorito nativo, y cada vez que lo vea me voy acordar de todo lo vivido”.
Teresa Rojas, asistente de 82 años, y quien trabaja de noche como guardia, agradeció profundamente ser parte del programa. “Nunca había participado y me ha gustado mucho. A veces vengo de mi turno y llego corriendo, pero muy contenta. Jamás pensé que iba a realizar estas cosas. Tampoco había trabajado con greda. Aunque me gustan mucho las plantas y tengo muchas en mi casa, tenía pocos conocimientos sobre temas de la naturaleza, porque siempre me dediqué a trabajar mucho y criar a mis cuatro hijos”.

Finalmente, otro de los protagonistas de la Ruta Nativa, Esteban Venegas, educador ambiental de Parquemet y creador de la iniciativa junto a Nélida Pohl y el sociólogo Michel Parra, reconoció estar muy feliz y emocionado con cada una y uno de los participantes y con la ejecución del proyecto, agradeciendo también a todas las compañeras y compañeros de equipo que dieron vida e hicieron posible otro año de programa.