enero 26, 2026

Consorcio de instituciones chilenas se adjudica proyecto antártico de frontera para estudiar la respuesta del holobioma de las plantas vasculares ante el cambio climático

Colobanthus quitensis. Fuente INACH
Colobanthus quitensis. Fuente INACH

Un equipo interdisciplinario conformado por investigadoras e investigadores de la Universidad de La Frontera (UFRO), la Universidad de Concepción (UdeC), la Universidad Autónoma de Chile y el Instituto de Ecología y Biodiversidad (IEB) se adjudicó el proyecto de la Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo “El holobioma de las plantas vasculares antárticas: evaluación de nuevos rasgos ecofisiológicos y microbianos para comprender sus respuestas al cambio climático”, una ambiciosa iniciativa científica que busca profundizar la comprensión de los efectos del cambio climático en los ecosistemas antárticos.

La adjudicación de este proyecto representa un hito relevante para la investigación antártica nacional, al consolidar una red de colaboración interinstitucional que combina experiencia en ecología, fisiología vegetal, microbiología, biología molecular y comunicación de la ciencia. El trabajo conjunto permitirá abordar preguntas complejas sobre el funcionamiento de las plantas vasculares antárticas y las comunidades microbianas asociadas a ellas, entendidas en su conjunto como una sola unidad funcional, u holobionte.

La Antártica es uno de los territorios más sensibles a las transformaciones ambientales globales. El aumento de la temperatura, los cambios en los patrones de precipitación y la creciente presión humana están modificando rápidamente este ecosistema extremo, convirtiéndolo en un escenario clave para estudiar los impactos del cambio climático. En este contexto, las dos especies de plantas vasculares antárticas (Deschampsia antarctica y Colobanthus quitensis, de gran significancia ecológica para el continente) constituyen un modelo único para comprender procesos de adaptación, resiliencia y vulnerabilidad biológica.

“Todavía tenemos importantes vacíos de conocimiento sobre las plantas antárticas y, en particular, sobre cómo responderán a los efectos del cambio climático. Considerando que los cambios en la Antártica suelen anticipar lo que ocurre en otras latitudes, el conocimiento que generemos puede servir como base para prever impactos futuros en distintos ecosistemas del planeta”, explica Patricia Sáez, directora del proyecto e investigadora de la Universidad de La Frontera y del IEB.

Si bien investigaciones previas han permitido caracterizar diversos aspectos de estas especies, aún persisten dimensiones poco exploradas. Entre ellas destacan los vínculos metabólicos y funcionales entre las plantas y su microbioma, es decir bacterias, hongos y otros microorganismos asociados, los cuales cumplen un rol clave en procesos como la nutrición, la tolerancia al estrés y las respuestas frente a condiciones ambientales extremas.

“El enfoque del holobioma nos permite dejar de ver a las plantas como entidades aisladas y comenzar a entenderlas como sistemas complejos, donde las interacciones con los microorganismos son fundamentales para su funcionamiento y supervivencia”, señala Lohengrin Cavieres, botánico de la Universidad de Concepción y del IEB. “Este tipo de aproximación es especialmente relevante en la Antártica, donde pequeñas variaciones ambientales pueden tener consecuencias ecológicas profundas”.

El proyecto también abordará un tema emergente de gran relevancia: el impacto del cambio climático sobre especies de plantas no nativas y sus microorganismos asociados. El aumento de las temperaturas y la intensificación de la actividad humana en la Antártica podrían facilitar la llegada y establecimiento de especies exóticas de potencial invasor, generando nuevas dinámicas de competencia o coexistencia que podrían alterar el equilibrio de estos ecosistemas frágiles.

Desde esta perspectiva, la investigación no solo busca describir respuestas biológicas, sino también generar evidencia que contribuya a anticipar escenarios futuros y apoyar la toma de decisiones en materia de conservación y protección ambiental. El trabajo del proyecto se alinea así con los compromisos de Chile en el Sistema del Tratado Antártico y con los esfuerzos internacionales por resguardar este territorio clave para el equilibrio climático global.

Para Michel Abanto, investigador en microbiología de la Universidad de la Frontera y director alterno del proyecto, el valor de la iniciativa radica en su carácter colaborativo y multidimensional. “Los desafíos que plantea el cambio climático no pueden abordarse desde una sola disciplina ni desde una sola institución. Este proyecto reúne capacidades complementarias que nos permitirán generar conocimiento robusto y, al mismo tiempo, comunicarlo de manera efectiva a distintos públicos y actores relevantes”, destaca. Por su parte, Kattia Nuñez, investigadora del proyecto y académica de la Universidad Autónoma de Chile añade que “recién estamos empezando a comprender en profundidad las funciones que cumplen las comunidades microbianas asociadas a las plantas. Así como el microbioma intestinal influye en nuestra salud, los microorganismos del suelo, las raíces y los tejidos vegetales pueden ser determinantes para su nutrición y tolerancia al estrés. En la Antártica, este conocimiento sigue siendo incipiente y por eso generaremos conocimiento para entender cómo esas comunidades podrían contribuir a su capacidad de responder a las condiciones ambientales cambiantes que enfrenta el territorio antárctico.”

Uno de los componentes distintivos del proyecto es la integración de estrategias de comunicación y transferencia del conocimiento. Junto con la generación de datos científicos de frontera, el equipo desarrollará acciones orientadas a fortalecer la comprensión pública sobre el rol de las plantas y microorganismos antárticos, la fragilidad de estos ecosistemas y los efectos sinérgicos de los factores humanos que los amenazan. Estas actividades estarán dirigidas a audiencias diversas, incluyendo comunidades educativas, tomadores de decisión, gestores ambientales y la ciudadanía en general, con el objetivo de fomentar una mayor valoración social de la ciencia antártica y de su relevancia para enfrentar los desafíos del cambio climático.

La adjudicación de este proyecto refleja la madurez y proyección de la investigación colaborativa en Chile, así como la capacidad de las universidades y centros científicos del país para articularse en torno a preguntas de alto impacto global. Al mismo tiempo, refuerza el posicionamiento de Chile como un actor estratégico en la generación de conocimiento antártico, aprovechando su cercanía geográfica y su larga tradición de investigación en el continente blanco.

En un escenario global marcado por la urgencia climática, comprender cómo responden los sistemas biológicos más extremos del planeta adquiere una importancia creciente. El proyecto, busca aportar evidencia científica sólida que permita no solo entender mejor la Antártica, sino también anticipar los efectos del cambio climático en otros ecosistemas y contribuir a la construcción de estrategias más efectivas de adaptación y mitigación.