septiembre 7, 2026

Participar para conservar: el monitoreo comunitario como herramienta ciudadana

Por: Aline Paulina Hodges Torres – Ingeniera en Conservación de Recursos Naturales

Guardaparques y administradora de la Estación Biológica Senda Darwin del IEB

El monitoreo comunitario es una herramienta que permite a las personas y organizaciones participar activamente en el conocimiento y cuidado de su territorio. Muchas veces nace de una preocupación: ¿qué está ocurriendo con nuestros ríos, bosques, humedales o especies? Pero también surge de las ganas de comprender mejor los cambios que observamos y de ser parte de las soluciones. A través de la observación y recopilación de información, las comunidades pueden identificar cambios en áreas de interés, reconocer amenazas y comprender los impactos, positivos o negativos, de las actividades humanas sobre los ecosistemas. El monitoreo también permite evaluar si las acciones de conservación están funcionando y conocer cómo responden los ecosistemas frente a los cambios ambientales.

Su mayor valor está en la participación, el conocimiento no queda exclusivamente en manos de especialistas: las propias comunidades pueden aprender a observar, registrar y analizar información sobre los lugares donde viven. Cuando estos esfuerzos se mantienen a largo plazo, generan información valiosa para comprender por qué ocurren cambios en los hábitats y en las poblaciones de especies, y para proponer soluciones, como mejorar la calidad del agua, restaurar ecosistemas o implementar acciones basadas en la naturaleza.

Durante agosto tuve la oportunidad de participar en dos importantes iniciativas de monitoreo comunitario desarrolladas en la comuna de Ancud. Aunque son experiencias diferentes, ambas tienen un elemento en común: el agua como principal motivación.

La primera fue una capacitación de monitoreo comunitario del agua, en la que participamos 18 vecinos y vecinas de Ancud, entre ellos profesoras, funcionarios municipales e integrantes del Comité Ambiental Comunal. La capacitación, gestionada por la Municipalidad de Ancud y dictada por Fundación Manzana Verde, buscó entregar herramientas para que las propias comunidades puedan generar información sobre el estado de sus ecosistemas acuáticos mediante la ciencia ciudadana. Comenzamos a aplicar esta metodología en el estero Matadero, utilizando tres formas complementarias de evaluar la salud del ecosistema: análisis bacteriológicos, estudio de macroinvertebrados y mediciones físico-químicas. En conjunto, estas herramientas permiten construir una mirada más completa sobre el estado del estero y comprender mejor lo que está ocurriendo.

La segunda experiencia estuvo enfocada en el huillín, una especie en peligro de extinción y estrechamente vinculada a la salud de nuestras cuencas y ecosistemas acuáticos. Organizaciones como Gato de Río y WWF, junto al Sindicato de Pescadores Mar Adentro de Chepu, el Paisaje de Conservación de Chiloé de la Municipalidad de Ancud, están desarrollando capacitaciones para aprender sobre el monitoreo comunitario de esta especie en la cuenca del río Chepu. La iniciativa busca que más comunidades conozcan al huillín, aprendan a identificar sus rastros y puedan aportar a su monitoreo y conservación.

Ambas experiencias nos recuerdan algo fundamental: la conservación no depende solamente de especialistas o instituciones. Las comunidades también pueden generar conocimiento y participar activamente en el cuidado de las especies y ecosistemas que forman parte de su territorio.

El desafío ahora es dar continuidad a estos procesos. Para ello se necesita financiamiento, participación, formación y redes que permitan compartir experiencias entre comunidades. Monitorear es observar, pero también aprender. Y mientras más conocemos nuestro territorio, más herramientas tenemos para protegerlo. Finalmente, conocer también es una forma de conservar.