diciembre 24, 2025

Más allá del sendero: comprender las invasiones de plantas exóticas en los ecosistemas montañosos

Dientes de Navarino. Créditos: Eduardo Fuentes

Durante años, las montañas han sido percibidas como refugios naturales relativamente intactos, protegidos de las presiones humanas que afectan con mayor intensidad a los ecosistemas de tierras bajas. Sin embargo, la evidencia científica acumulada en la última década muestra que esta percepción es cada vez menos válida. Un estudio internacional publicado en Global Ecology and Biogeography revela que incluso infraestructuras aparentemente inofensivas, como los senderos de montaña, pueden desempeñar un papel clave en la expansión de plantas exóticas hacia ecosistemas de alto valor ecológico.

La investigación fue liderada por Eduardo Fuentes, investigador del Instituto de Ecología y Biodiversidad -IEB- y coordinador del programa integrativo Laboratorio de Invasiones Biológicas -LIB- de la Universidad de Concepción, la cual contó con la colaboración de científicos de la Red de Investigación sobre Invasiones en Montaña -MIREN-. El trabajo revisó información recopilada entre 2016 y 2022 en 55 senderos de montaña distribuidos en nueve regiones del mundo y seis continentes, incluyendo América del Norte, América del Sur, Europa, África, Asia y Oceanía.

Artículo en el link https://onlinelibrary.wiley.com/doi/full/10.1111/geb.70060

Cerro Castillo. Créditos: Eduardo Fuentes
Cerro Castillo. Créditos: Eduardo Fuentes

Senderos como corredores ecológicos inesperados

El objetivo central del estudio fue examinar cómo distintos factores -abióticos, bióticos y antropogénicos- influyen en la distribución, riqueza y cobertura de especies vegetales exóticas a lo largo de rutas de senderismo en regiones montañosas. Para ello, el equipo aplicó un diseño de muestreo estandarizado, con transectos en forma de “T” ubicados tanto en el borde de los senderos como en la vegetación adyacente.

Los resultados muestran que los senderos no son simples caminos lineales en el paisaje. “La investigación evidenció que, aunque suelen considerarse estructuras de bajo impacto, los senderos están funcionando como corredores que facilitan la llegada de plantas no nativas incluso a zonas muy remotas”, explica Fuentes. A diferencia de las carreteras, que concentran gran parte de la atención científica, los senderos alcanzan mayores elevaciones y penetran en áreas que, hasta hace poco, permanecían relativamente aisladas de la actividad humana.

A escala global, las variables abióticas, especialmente las climáticas, explicaron la mayor parte de la variación en la riqueza de especies exóticas. Las bajas temperaturas, la alta radiación solar, los fuertes vientos y la limitada disponibilidad de agua siguen actuando como barreras importantes para la mayoría de estas especies en ambientes de alta montaña.

No obstante, estas barreras no son infranqueables. El estudio muestra que, cuando la presión humana aumenta, las probabilidades de establecimiento de plantas exóticas también lo hacen. “Si bien las condiciones extremas siguen siendo un filtro fuerte en altura, el uso intensivo de los senderos y la presencia de ganado incrementan de forma significativa las posibilidades de que estas plantas se establezcan y se dispersen más allá del borde del camino”, señala Fuentes, destacando que este patrón es especialmente evidente en la cordillera de los Andes.

Laguna Teno. Créditos: Eduardo Fuentes
Laguna Teno. Créditos: Eduardo Fuentes

Factores bióticos y el rol del ganado

Uno de los aportes más relevantes del estudio es la identificación del papel central que juegan los factores bióticos -seres vivos- en la presencia y cobertura de plantas exóticas. En algunos casos, una mayor diversidad de vegetación nativa se asoció con una mayor presencia de especies exóticas, lo que sugiere que las interacciones facilitadoras -más frecuentes en ambientes de alta montaña- pueden amortiguar las condiciones climáticas adversas y favorecer la invasión.

La ganadería extensiva emerge como un factor clave. El ganado doméstico no solo actúa como vector de dispersión de semillas, transportándolas en el pelaje o a través del sistema digestivo, sino que también modifica el entorno. “La deposición de guano puede generar microambientes menos extremos, mejorando la disponibilidad de nutrientes y facilitando la germinación y el establecimiento de especies exóticas en lugares donde, de otro modo, su supervivencia sería limitada”, explica Fuentes.

Además, tanto excursionistas como animales suelen desviarse de los senderos formales, especialmente en zonas de vegetación baja o donde los caminos no están claramente delimitados. Este uso fuera de sendero aumenta la perturbación del suelo y la presión de propagación, extendiendo el riesgo de invasión hacia áreas aparentemente intactas.

Aunque actualmente las montañas siguen estando menos invadidas que las regiones de tierras bajas, el estudio advierte que esta situación podría cambiar. “El aumento del turismo, las actividades recreativas y el cambio climático están creando condiciones que favorecen la expansión de especies exóticas hacia ecosistemas que son de altísimo valor de conservación”, advierte el investigador.

El monitoreo de largo plazo de la red MIREN, activo desde 2005, muestra que muchas especies están desplazándose progresivamente hacia mayores elevaciones, impulsadas principalmente por la actividad humana y, en menor medida, por el cambio climático. En este contexto, especies que hoy son raras o poco abundantes podrían, con el tiempo, aumentar su presencia y generar impactos acumulativos sobre la biodiversidad nativa.

Cerro Castillo. Créditos: Eduardo Fuentes
Cerro Castillo. Créditos: Eduardo Fuentes

Prevención con impactos reales

Pese al diagnóstico preocupante, el estudio también abre oportunidades. En muchos sistemas montañosos, la abundancia de especies exóticas sigue siendo relativamente baja, lo que hace viable la prevención temprana, “evitar nuevas introducciones debería ser la principal prioridad”, sostiene Fuentes. Entre las medidas más efectivas y de bajo costo se encuentran la limpieza de calzado, ropa y equipamiento antes de ingresar a senderos de montaña, el diseño adecuado de las rutas y, sobre todo, el respeto por los senderos marcados. “Mantenerse en los caminos establecidos y gestionar adecuadamente el tránsito de animales son acciones simples, pero pueden reducir de manera importante el riesgo de invasiones biológicas”, enfatiza.

El desafío mayor, sin embargo, está asociado a la ganadería extensiva en zonas de interfaz entre áreas protegidas y paisajes rurales. Abordar este problema requiere estrategias integradas que consideren el ordenamiento territorial, acuerdos con comunidades locales y políticas públicas capaces de compatibilizar la conservación de la biodiversidad con actividades productivas tradicionales.

Las invasiones biológicas son uno de los principales factores de pérdida de biodiversidad a nivel global. En el caso de los ecosistemas de montaña -y especialmente en los Andes- el riesgo es aún mayor debido a los altos niveles de endemismo y a la singularidad de sus comunidades biológicas. “Aunque muchas especies nativas son resilientes, la llegada y expansión de especies exóticas podría erosionar esa resiliencia y poner en riesgo componentes únicos de nuestra biodiversidad”, concluye Fuentes. En este contexto, el cuidado informado de los senderos va mucho más allá de la recreación responsable, se convierte en una herramienta concreta de conservación, porque la manera en que hoy transitamos la montaña puede determinar la biodiversidad que la habitará en el futuro.