junio 28, 2025
Columna de opinión. «Más allá de la madera: los árboles como refugio, memoria y vida»

Por Aline: Hodges Torres – Guardaparques y administradora de la Estación Biológica Senda Darwin
Ingeniera en Conservación de Recursos Naturales
Hoy 28 de junio, se conmemora el día mundial del Árbol, símbolo de refugio, memoria y vida en el planeta. Los árboles entregan importantes funciones ecosistémicas, tales como: regular el clima, aportar oxígeno, capturar carbono, ser reservorios de agua, sostener los suelos, dar hogar y nido a miles de especies, y ser una pieza clave en la estructura de los bosques. Es por ello que, ante la crisis climática y la pérdida de la biodiversidad, conservar y proteger a los bosques es una urgencia ética y ecológica.
En el archipiélago de Chiloé, se pueden encontrar diversas especies de árboles nativos y también algunas introducidas como pino, eucalipto, ciprés europeo, espinillo entre otros. Algunos de los árboles más destacados y conocidos son el arrayán, el coihue de Chiloé, melí, el ciprés de las Guaitecas, el tepú, el ulmo y el canelo. Desde la Estación Biológica Senda Darwin, EBSD, hemos sido testigos, durante más de 30 años, de cómo el estudio científico de los árboles y los bosques permite comprender el equilibrio del clima, la dinámica del agua, y los patrones de vida que sostienen nuestras comunidades humanas y no humanas. En ese sentido, los árboles no solo se celebran. También se estudian, se defienden y se restauran.
Sin embargo, hoy en día enfrentamos una paradoja sobre la conservación de los árboles chilotes: mientras más comprendemos el valor irremplazable de los árboles, más amenazados están. El avance de proyectos mal emplazados (incluyendo infraestructura energética, como proyectos eólicos y líneas de alta tensión) ponen en riesgo áreas de alto valor ecológico, muchas veces sin una evaluación ambiental rigurosa. La conservación de los árboles debe ir de la mano con una planificación territorial justa y sostenible.
Unos de los árboles que predominan en la estación, es el tepú (Tepualia stipularis), cuyos bosques han sido heredados de la cultura y del diario vivir chilote. Son bosques con un sistema complejo. Cuando se cae un árbol de tepú éste da paso a un hábitat para varias especies de plantas, hongos, fauna e invertebrados. Suelen estar en lugares donde se acumula agua, como suelos pantanosos, contribuyendo a ser un reservorio hídrico. Al ser de un tronco y raíces de tonos rojizas, por lo general sus raíces son capaces de teñir las aguas de un tono rojizo café.

En la EBSD, estudiar los bosques de tepú es adentrarse en un mundo vivo, complejo y siempre cambiante. Los tepuales no se recorren, se atraviesan con cuidado. Sus troncos caídos forman puentes, sus ramas se entrelazan como si tejieran su propia historia. A veces, para seguir avanzando, hay que trepar sobre árboles muertos que, lejos de ser el final, son el origen de una nueva vida. En cada rincón, los tepuales nos recuerdan que el bosque no se muere, sino que se transforma.
Actualmente, el tepú se ve altamente amenazado por la tala, donde cada vez es más frecuente ver camionetas o camiones cargados de troncos rojizos, ya que tiene características muy valiosas para los chilotes al ser un árbol con alto valor calorífico para la calefacción. En la actualidad es cada vez más escaso apreciar los tepuales en Chiloé, la disminución de estos bosques trae consigo una disminución del reservorio natural de agua en los suelos. Según el investigador de INFOR J. Bannister, en su libro “Tepuales. Tesoro de Chiloé y la Patagonia Insular” (2018), los tepuales representan un 61% de la superficie de los bosques nativos del archipiélago. En la ciudad de Castro (capital de la provincia de Chiloé), el consumo de leña de este árbol corresponde al 27% del total, lo que significa que aproximadamente un tercio de la leña utilizada por sus habitantes proviene de esta especie.
En Chiloé ocurrió un hecho insólito, pues se dictó la multa más alta de la historia por tala ilegal de bosque nativo. En septiembre del año pasado, se condenó a una comunidad indígena y a una empresa forestal asiática, a pagar $22.450 millones por la extracción ilegal de madera. Este caso es impactante no solo por el monto, sino porque evidencia una historia de uso intensivo y poco regulado de los bosques en el archipiélago. Según datos SIG del Catastro de los Recursos Vegetacionales y Uso de la Tierra de CONAF (actualizado en 2018), el 67% del territorio del archipiélago corresponde a bosque nativo, incluyendo renovales, bosques adultos y formaciones mixtas con plantaciones forestales. Es increíble que esto haya ocurrido en un territorio tan frágil y simbólico.
Este 28 de junio no basta con los homenajes para apreciar los árboles, sino que es urgente pensar y cuestionarnos por la conservación de nuestros árboles chilotes. Estamos en tiempos de acciones concretas y efectivas, como proteger y conservar los árboles nativos, restaurar ecosistemas degradados, apoyar la ciencia ecológica, y educar para que nuevas generaciones comprendan que cada árbol es una promesa de futuro. Los árboles son muy importantes para el bienestar humano, tanto físico como mental. Nos proporcionan oxígeno, alimentos, materiales de construcción, además de regular el clima, purificar el aire combatiendo el cambio climático y ser unos de los principales sumideros de agua. Pasar tiempo en la naturaleza, caminar o estar en el bosque, reduce el estrés, mejora el estado de ánimo, disminuye la ansiedad y la depresión. Estudios revelan que caminar aunque sea un poco en zonas boscosas reduce enfermedades cardíacas, accidentes cerebrovasculares y algunos tipos de cáncer, e incluso puede tener efectos positivos en la función inmunológica. Por todo lo anterior, defender a los árboles es defendernos a nosotros mismos.