julio 27, 2026
Los temporales nos recuerdan por qué la ciencia en los territorios importa

Por: Paula Gatica Saavedra, doctora en ciencias forestales. Coordinadora de los Sitios de estudios de largo plazo del Instituto de Ecología y Biodiversidad (Estación Biológica Senda Darwin y LTSER Fray Jorge)
Una vez más, los eventos meteorológicos extremos nos recuerdan la importancia de comprender cómo cambia nuestro clima y de contar con información confiable para anticiparnos a sus efectos. Las recientes lluvias e inundaciones que afectaron al norte y centro-sur del país no ocurrieron de manera completamente inesperada. Las alertas y avisos emitidos por los organismos competentes fueron posibles gracias a décadas de monitoreo continuo realizado por estaciones meteorológicas distribuidas a lo largo de Chile y al trabajo de científicos que analizan esas series de datos para comprender tendencias, elaborar proyecciones y entregar información oportuna para la toma de decisiones.
Sin embargo, la evidencia científica por sí sola no evita una catástrofe. Cuando las alertas no se traducen en una adecuada planificación territorial, infraestructura resiliente o medidas preventivas oportunas, el riesgo para las comunidades aumenta. Por ello, resulta fundamental valorar y fortalecer el trabajo que realizan los centros de investigación y las estaciones biológicas de nuestro país, donde se genera conocimiento que aporta directamente al bienestar de las personas.
En este contexto, la Estación Biológica Senda Darwin (EBSD), en Ancud, y el sitio de investigación socioecológica de largo plazo de Fray Jorge, en Ovalle, forman parte de la Red Chilena de Investigación Socio-Ecológica de Largo Plazo (LTSER-Chile). Ambos mantienen estaciones meteorológicas con registros continuos de varias décadas, una información de enorme valor para comprender cómo evolucionan las condiciones climáticas y cómo estas afectan los ecosistemas y a las comunidades.
Estos registros no son simples bases de datos. Constituyen series de tiempo que permiten identificar cambios, detectar anomalías, mejorar los pronósticos y respaldar decisiones en materias como la gestión del riesgo de desastres, la planificación territorial, la conservación de la biodiversidad y la adaptación al cambio climático. En Fray Jorge, esta información alimenta los sistemas del Centro de Estudios Avanzados en Zonas Áridas (CEAZA), mientras que en Ancud contribuye al desarrollo de Meteosenda, iniciativa que entrega información meteorológica local de alto valor para la comunidad.
Detrás de cada dato existe un trabajo permanente de investigadores, profesionales y técnicos que mantienen los instrumentos, verifican la calidad de la información y la transforman en conocimiento útil para la sociedad. Esa labor, muchas veces silenciosa, es la que permite informar con mayor certeza a las autoridades y a la ciudadanía sobre los riesgos que enfrentamos.
Invertir en investigación y en monitoreo de largo plazo no es un gasto innecesario: es una herramienta para anticipar escenarios, reducir la incertidumbre y construir territorios más seguros y resilientes. La ciencia entrega evidencia; convertir esa evidencia en decisiones oportunas es una responsabilidad compartida que beneficia a toda la sociedad.