septiembre 5, 2024
IEB en la COP16: Eugenia Gayo y la crisis ecológica

Colaboración con El Mostrador – Newsletter Juego Limpio
Estamos en la cuenta regresiva para la cumbre de la biodiversidad que se llevará a cabo en algunas semanas más en Cali, Colombia. Tal y como adelanté hace unas semanas, contaré en Juego Limpio con la contribución de expertas y expertos del Instituto de Ecología y Biodiversidad (IEB) para la cobertura de la COP16.
En esta oportunidad tomé una decisión distinta, que pienso que mantendré en las siguientes ediciones. No conversaré con los investigadores sobre algún tema relacionado con la COP sino que serán invitados a compartirnos una reflexión.
Vamos con la primera. El texto es de Eugenia Gayo, investigadora principal del Instituto de Ecología y Biodiversidad (IEB).
«Esperamos que la COP16 sobre biodiversidad cumpla con sus promesas»
Recuerdo una conversación sarcástica con una colega sobre cómo, si la crisis de biodiversidad contara con el mismo «publicista» que el cambio climático, el concepto de “triple crisis planetaria” habría ganado popularidad hace tiempo. Este término, que abarca la crisis climática, ecológica y de contaminación, surge de un informe del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (UNEP, 2021). El informe señala que la humanidad enfrenta estos tres problemas interrelacionados, causados por el creciente impacto de las actividades humanas sobre el planeta.
Nuestro sarcasmo provenía de la certeza académica de que la pérdida de biodiversidad no es un fenómeno aislado, sino que está profundamente interconectada con las alteraciones en los patrones climáticos, y viceversa. Desde las ciencias de la Tierra y Naturales, el planeta se concibe como un sistema integrado por cinco componentes principales: la biósfera, la hidrósfera, la atmósfera, la geosfera y la criósfera.
Estos componentes interactúan continuamente, formando un todo complejo e interdependiente. La biósfera no opera en aislamiento; está en constante interacción con los otros componentes del sistema terrestre, por lo que es interdependiente. Por ejemplo, hay hipótesis científicas que sugieren que la atmósfera, más o menos como la conocemos actualmente, se formó en parte debido a la actividad biológica primitiva.
Eventualmente, uno podría intentar pasar por alto las conexiones del sistema complejo y adaptativo que hemos descrito, y centrarse en cómo el cambio climático, según lo define el IPCC, está vinculado a la biodiversidad a través de los gases de efecto invernadero. El petróleo, el gas natural y el carbón se formaron a partir de biomasa que existió en el planeta hace millones de años (por ejemplo, durante el Jurásico o el Cretácico). A través de procesos geológicos, esta biomasa vegetal y animal se transformó en materiales con alto contenido energético. Estos combustibles fósiles han sustentado las actividades humanas durante los últimos 250 años.
Podemos centrarnos en los efectos actuales y más evidentes del cambio climático, como la alteración de la distribución geográfica de las especies, la extinción de especies, los cambios en las interacciones biológicas, el funcionamiento de los ecosistemas y la provisión de servicios ecosistémicos, lo que a su vez afecta el bienestar humano. No obstante, esta es una visión unidireccional que, de paso, ignora el rol de las sociedades industrializadas, que son el motor detrás de la triple crisis planetaria, amplificando la pérdida de biodiversidad.
En este sentido, es fundamental reconocer que el planeta es un sistema integrado, del cual los humanos somos parte. Esto significa que la pérdida de biodiversidad no solo es un resultado del cambio climático antropogénico, sino que también lo agrava. Por ejemplo, la destrucción de ecosistemas clave como turberas, humedales y bosques, ya sea por actividades humanas o por cambios en las condiciones climáticas, elimina sumideros naturales de carbono.
Estos ecosistemas capturan y almacenan el dióxido de carbono que emitimos a la atmósfera a partir de la combustión de la biomasa fosilizada. Como resultado, nuestros esfuerzos para mitigar el cambio climático se ven seriamente limitados, dificultando también superar la crisis de contaminación. De ahí que esta interacción entre la crisis climática, ecológica y de contaminación genere un bucle de retroalimentación positiva, creando así un círculo vicioso.
Volviendo al sarcasmo original, tal vez lo más sorprendente es que en organismos intergubernamentales y esferas como las Conferencias de las Partes (COPs), la crisis climática y la crisis ecológica aún se aborden de manera separada. En este sentido, esperamos que la COP16 sobre biodiversidad cumpla con sus promesas, evaluando de manera efectiva el progreso internacional hacia una paz con la naturaleza, y así fortalecer los pilares necesarios para enfrentar la triple crisis planetaria.