mayo 18, 2026
Homenaje a Juan Silva

Por: María José Martínez-Harms
Directora del Laboratorio de Conservación y Bienestar Humano
Conocí a Juan en California el 2019, cuando estaba terminando su máster. Desde el primer momento me impresionó su capacidad de conectar personas, ideas y mundos distintos. Juan tenía algo muy especial: una energía inagotable, una curiosidad infinita y una convicción profunda de que las cosas podían hacerse de otra manera, colectivamente, con creatividad y cariño.
Después volvimos a encontrarnos el 2021, cuando me contacto para sumarme como colaboradora intersectorial a su proyecto en el río Mataquito, un humedal de importancia internacional y altamente amenazado, trabajo que desarrollo junto a su querido mentor Daniel Imbernon para el programa de Soluciones Costeras. Y claro, era imposible no entusiasmarse con la visión de Juan. Quería involucrar pescadores artesanales, escuelas locales, ciencia ciudadana, educación ambiental, ecoturismo… quería construir capacidad adaptativa para las aves y también para las personas del territorio. Juan realmente quería comerse el mundo.
Se integró también a nuestras actividades del Instituto de Ecología y Biodiversidad con una generosidad y entusiasmo enormes. Participó en talleres de divulgación en Viña, presentó en el encuentro del IEB en Concepción con un póster dibujado y pintado completamente a mano —tan Juan eso— y siempre aparecía con nuevas ideas, proyectos, sueños y conversaciones.
Compartimos también momentos en Cornell, en Ithaca, y más tarde en Chiloé, durante el taller de planificación para la conservación con Hugh Possingham. Ahí llegó grabando su documental Perros, guitarra en mano. Mi hija todavía recuerda con cariño cómo le enseñó algunos acordes.
Así era Juan: creativo, sensible, brillante, intenso, desbordante de ideas y profundamente humano. Tenía tanto por hacer y tanto por aportar, que cuesta muchísimo entender su partida.
Pero como dicen quienes más lo quisieron, a Juan hay que seguir recordándolo con alegría. Pronunciando su nombre sin tristeza, porque dejó huellas muy vivas en muchísimas personas. Y porque, sigue aquí, en todas esas conversaciones, proyectos, dibujos, humedales, aves y encuentros improbables que ayudó a crear.
Gracias por tanto, Juan.