febrero 10, 2026
Exploran el incierto futuro de la Antártica y sus posibles escenarios de biodiversidad

– Un estudio internacional, publicado en la revista Nature Reviews Biodiversity advierte que el cambio climático y la actividad humana podrían alterar profundamente el ecosistema terrestre del continente blanco.
– Lohengrin Cavieres, coautor del artículo e investigador del Instituto de Ecología y Biodiversidad, IEB, destaca que comprender cómo interactúan las especies, será clave para enfrentar los cambios en la Antártica.
La Antártica no es un manto blanco de hielo inerte. Más allá de nuestros ojos, este territorio alberga una biodiversidad única en el planeta, compuesta principalmente por microorganismos, musgos, líquenes, diminutos invertebrados y un pequeño grupo de plantas y animales. Y aunque la riqueza de especies es baja en comparación con otros continentes, estas formas de vida cumplen funciones ecológicas claves y están adaptadas a uno de los ambientes más extremos de la Tierra.
Sin embargo, un nuevo estudio, publicado en la revista científica Nature Reviews Biodiversity advierte que esta biodiversidad, históricamente poco considerada en evaluaciones globales, enfrenta un futuro incierto frente al cambio climático y otras presiones humanas.
Dicho estudio fue desarrollado por un grupo de científicas y científicos provenientes de Australia, Reino Unido, Francia y Chile, y contó con la participación de Lohengrin Cavieres, investigador del Instituto de Ecología y Biodiversidad, IEB, y de la Universidad de Concepción.

En este trabajo se analizó cómo el cambio climático, la expansión de la actividad humana, la contaminación, las especies exóticas invasoras y las enfermedades, entre otras presiones antropogénicas, están modificando el ambiente terrestre antártico. A través de un marco teórico basado en procesos ecológicos fundamentales, las y los autores evaluaron los elementos que posibilitan la biodiversidad actual y futura del continente.
“El trabajo surge desde una constatación bien simple. Sabemos mucho de ciertos componentes de la Antártica y de las especies existentes, pero de forma separada: las plantas por un lado y los animales por otro. Y conocemos muy poco acerca de cómo operan los procesos ecológicos en los ecosistemas terrestres, de manera integrada, y cómo estos procesos podrían verse alterados por el Cambio Global”, explica Lohengrin Cavieres.
Al respecto, el estudio indica que el escenario actual de la Antártica muestra que su biodiversidad terrestre sigue estando fuertemente determinada por las condiciones ambientales extremas, que continúan siendo el principal filtro para la vida. Sin embargo, la evidencia indica que, una vez superadas esas barreras, las interacciones ecológicas entre especies cumplen un rol clave en el funcionamiento y la estabilidad de los ecosistemas. A eso se suma la influencia del Cambio Global.
“A pesar de que la Antártica es pobre en número de especies, la red de interacciones es muy potente, sobretodo en el caso de las plantas. Por ejemplo, nosotros hemos demostrado la importancia de la facilitación, es decir, que la presencia de una especie beneficia a otra”, comenta el investigador del IEB.
Escenarios posibles, especies invasoras y otros factores
En este trabajo, el equipo también propuso cinco escenarios posibles para el futuro de la biodiversidad terrestre antártica, que van desde cambios moderados hasta reorganizaciones más profundas de las comunidades biológicas. El escenario más probable, según la evidencia disponible, es que las duras condiciones ambientales sigan siendo el principal filtro para la vida, incluso en un clima más cálido y húmedo.
“Sobrevivir al frío, al viento y a la falta de agua seguirá siendo lo más importante. Sin embargo, una vez superado ese umbral, las interacciones ecológicas, especialmente frente a la llegada de especies exóticas, podrían adquirir un rol decisivo”, advierte Cavieres.
En ese contexto, el artículo alerta sobre el aumento del riesgo asociado a especies exóticas invasoras y enfermedades emergentes. De hecho, se reporta que más de 1.200 especies han sido introducidas en la región antártica, principalmente en islas subantárticas, pero el cambio climático y la mayor presencia humana podrían facilitar su establecimiento en el continente. “Las invasiones generan efectos en cascada. Una especie exótica puede modificar el ambiente y facilitar la llegada de otras invasoras”, comenta Cavieres.

De acuerdo al estudio, las especies invasoras más establecidas en el continente incluyen la hierba Poa annua (pasto anual), que tiene el potencial de expandirse aún más, compitiendo directamente con plantas nativas como Deschampsia antarctica y Colobanthus quitensis.
Además, se menciona a Eretmoptera murphyi o mosquito antártico, que ha causado cambios en la calidad del suelo en la isla Signy. Estas especies son consideradas particularmente complejas debido a su capacidad para competir con las plantas vasculares nativas, alterar las propiedades del suelo y afectar las interacciones ecológicas locales.
A esto se suman enfermedades como la influenza aviar, que ya ha afectado a aves clave para los ecosistemas terrestres, como pingüinos, petreles y skúas, de acuerdo al investigador. “Si se alteran las poblaciones de aves se afecta la dispersión de plantas y el aporte de nutrientes a los suelos. Todo está conectado”, subraya el científico de la UDEC.
Uno de los mensajes centrales del estudio es que no basta con que una especie llegue a la Antártica para que tenga éxito. Esto, pues debe tener la capacidad de establecerse, tolerar condiciones ambientales extremas y, además, insertarse en una red de interacciones.
En ecosistemas aparentemente simples, con pocas especies, estas interacciones pueden ser claves. “Los musgos facilitan el establecimiento de plantas vasculares, éstas interactúan con microorganismos, y a su vez sostienen a pequeños invertebrados. Si se pierde un eslabón, la cadena completa puede colapsar. Por eso, para avanzar en el conocimiento de este territorio, no se trata solo de contar especies, sino de entender quién interactúa con quién y qué pasa si esas relaciones se rompen”, menciona Cavieres.
Si bien el cambio climático es y seguirá siendo un factor central, el estudio enfatiza que no actúa de manera aislada. El cambio en el uso del suelo, el aumento de la actividad humana, la instalación de infraestructura científica, el turismo y la contaminación siguen siendo presiones críticas. “Son ingredientes que van todos a la misma juguera. Analíticamente los separamos, pero en la realidad actúan juntos. Es por ello que desacelerar los cambios es tan importante”, señala el académico UDEC.
Finalmente, los autores coinciden en que reducir la incertidumbre sobre el futuro de la biodiversidad antártica requerirá integrar información hoy dispersa, fortalecer el monitoreo a largo plazo y comprender mejor las redes de interacción entre organismos. Todo esto, será clave para diseñar estrategias de conservación eficaces en uno de los últimos ambientes relativamente intactos del planeta.
“Seguir investigando la Antártica requiere una gran responsabilidad. Y la única manera de seguir aprendiendo de este continente es hacerlo con respeto, cuidado y una mirada verdaderamente integrada”, concluye Cavieres.