diciembre 11, 2023

Juan Armesto: un viaje por los ojos y colores del bosque

Juan Armesto en Senda Darwin – Foto: Daniel Casado

-Ciencia, conocimiento, arte, generosidad, colaboración y compromiso con la educación y conservación de nuestros ecosistemas, son solo algunas dimensiones que han marcado la historia del co-fundador del Instituto de Ecología y Biodiversidad y quien, recientemente, fue distinguido por la Sociedad de Ecología de Chile, SOCECOL, con el Premio Patricio Sánchez 2023. Te invitamos a conocer parte de sus huellas.  

Como si fuera un árbol del bosque chilote, que extiende sus ramas entremedio del húmedo y frondoso paisaje sureño, Juan Armesto se levanta a las 7 de la mañana y despliega su lápiz sobre una hoja, después de haber oído las noticias de la radio. Es un niño curioso que, desde el interior de su casa en Iquique, quiere conocer y plasmar el mundo a través de dibujos y crónicas noticiosas que darán origen a sus primeras obras: un conjunto de diarios elaborados con persistencia cada mañana, que anuncian desde el encuentro de un megaterio en Santiago, hasta los detalles del conflicto en Medio Oriente. Estos diarios ya tienen a un lector seguro, su padre.

Pero también están los cómics especialmente diseñados para sus tres hermanas, firmados con el seudónimo de Zaz.  En ellos se plasman chistes, historias, o las hazañas de algún super héroe como “Flash Flacon”.

Los diarios de Juan Armesto

Este hombre observador y de espíritu creativo -que en marzo de 2023 cumplió los 70 años-es el mismo que décadas más tarde volcaría su pasión al estudio de nuestros ecosistemas, siendo cofundador del Instituto de Ecología y Biodiversidad, IEB; fundador y Presidente de la Fundación y Estación Biológica Senda Darwin, y en noviembre de este año, el científico distinguido por la Sociedad de Ecología de Chile, SOCECOL, con el Premio Patricio Sánchez 2023.

Esto, debido a su destacada labor en torno a la ecología y su generosa trayectoria con la propia institución.

Inmerso en los bosques de Chile, montañas y aulas de diferentes universidades, Juan Armesto ha realizado grandes contribuciones al conocimiento científico, al fomento a la conservación, y a la creación de redes nacionales e internacionales de investigación, llevando adelante también un fuerte compromiso con la educación ambiental durante décadas. Asimismo, su fascinación por la flora de nuestro país, lo han llevado a explorar la enorme biodiversidad de la Isla de Chiloé, desentrañando los mecanismos que hacen de sus bosques templados un lugar único e invaluable a nivel global.

 

Los cómics de «Zaz»

El científico también ha contribuido a la creación de otras entidades, como el Laboratorio de Biogeoquímica de la Pontificia Universidad Católica de Chile, y la Red Chilena de Estudios Socioecológicos de Largo Plazo (Red LTSER Chile).

Todos estos aportes le han hecho acreedor de varios reconocimientos. El 2021 recibió el Premio Robert H. Whittaker entregado por la Sociedad de Ecología de Estados Unidos, por su “liderazgo y notable creatividad”. Ese mismo año fue elegido Miembro Correspondiente de la Academia Chilena de Ciencias, y en agosto del año pasado fue nominado al Premio Nacional de Ciencias.

Su visión y conocimiento, también han quedado plasmados en diversos libros, tales como: “Ecología: conocer la casa de todos”, “Ecología del Agua”, “Botánica Ecológica” y “Verduras, frutas y semillas que comemos”, algunos de ellos desarrollados junto a la bióloga e ilustradora Alicia Hoffmann, con quien también forjó una gran amistad.

De esta manera, la voz de Juan Armesto está muy presente en la mente y corazón de sus colegas, estudiantes y diversas personas que han tenido la suerte de compartir con él en sus diversas edades y facetas.

Historias de lavadora

Un 2 de marzo y con sólo 7 meses de gestación, nació Juan José Armesto Zamudio. Sus primeros años de vida los pasó en Santiago junto a sus padres, Juan Óscar y Luisa, alias “Perlita”, y dos de sus hermanas: Bernardita y María Aurora. Luego, la familia se trasladó a Iquique, para comenzar una nueva etapa a pocas cuadras del mar.

Juan y su hermana Bernardita

Sus hermanas cuentan que Juan era un niño más bien tranquilo, pero que mostraba múltiples intereses. En kínder ya sabía leer y escribir, cultivando desde pequeño una faceta intelectual y creativa, e importantes dotes comunicacionales. No sólo sus diarios e historietas -desarrolladas entre los 8 y los 15 años-, fueron testigo de ello, sino también, la antigua lavadora de tambor de su casa en Iquique. Allí se introducía para contar cuentos e historias.

Así lo recuerda su hermana Bernardita: “Cuando éramos chicos jugábamos al tocadiscos, usando la tapa de la lavadora como longplay. Programábamos el cuento que queríamos escuchar y Juan José se metía adentro de la lavadora. Nosotras mirábamos y él transmitía como tres horas desde ahí”.

El mayor de los hermanos Armesto Zamudio estudió en el colegio Salesiano de Iquique y cada año llegaba con diplomas a su casa, obteniendo los primeros puestos como estudiante y premios por mejor compañero. Durante su infancia y adolescencia también vibraba con la música, el dibujo y los libros, sintiendo además mucha atracción por la ciencia, las flores y la naturaleza. El mar era otro espacio vital, donde gozaba y nadaba junto a su papá y sus hermanas. Pese a todo ello, seguía siendo un joven “quitado de bulla”.

El hippie Armesto

“Como hermano era estricto y mi papá lo mandaba a buscarnos a las fiestas. Pero a él no le gustaba bailar. Se sentaba en el living o escritorio de los dueños de casa, y ahí se quedaba intruseando los libros, mientras nosotras zandungueábamos. Sin embargo, él se destacaba igual entre las personas y sus compañeros le decían el “hippie”, porque no le gustaba cortarse el pelo. Mi papá lo quería de terno y corbata y a mi hermano eso le cargaba. Así que dentro de todo lo ordenado y responsable que era, también tenía su rebeldía”, recuerda Bernardita.

Los saberes y la llegada al bosque

Aunque también quiso ser director de cine, su amor por el conocimiento y la biología lo llevaron a dejar la ciudad de Iquique a los 17 años e instalarse en la capital. Estando ahí, Juan ingresó a la Facultad de Ciencias de la Universidad de Chile y obtuvo su Licenciatura en Ciencias mención Biología, en 1977. A partir de entonces se despertó en él un notable interés por la ecología y los bosques. En esos años también, recibió la inspiración de profesores como Eduardo Fuentes, Claudio Donoso y Humberto Maturana, y el de sus pares, entre los que se encontraba Julio Gutiérrez, también investigador del IEB.

En ese contexto, la influencia de Maturana generó raíces importantes en Juan Armesto. El profesor no sólo fue coautor de su tesis y le enseñó que los seres vivos, como las plantas, tenían formas particulares de sobrevivir y adaptarse al entorno, producto de la construcción de ellos mismos. Además de su visión científica, Maturana compartió su laboratorio con él, lo que para Armesto implicó una gran oportunidad para realizar sus experimentos de manera más libre. Asimismo, le mostró la importancia de la reflexión y el diálogo, como un espacio fundamental en el aprendizaje.

El Dr. Maturana también era muy conversador y le gustaba tomarse un cafecito y discutir. Su principal forma de enseñar era a través de las conversaciones, haciendo que éstas fueran frecuentes (…) El nos enseñó a observarnos a nosotros mismos, como parte del mundo natural y como agentes de cambio, a través del hacer”, recuerda Juan Armesto durante una entrevista del IEB, realizada en mayo del 2021.

En 1984, posterior a estos estudios y experiencias, Juan Armesto se alejó de Chile por un tiempo e ingresó al doctorado en Botánica y Fisiología de Plantas en la Rutgers University en Nueva Jersey, Estados Unidos. Sin embargo, antes de este viaje, ya había comenzado su gran aventura por nuestros ecosistemas.

Mis primeros estudios sobre bosques fueron en Chile central, explorando el bosque esclerófilo. Éramos jóvenes y no había presupuesto, así que lo más cercano era indagar en estos ecosistemas costeros fantásticos, en lugares como Zapallar. Mi llegada a los bosques de Chiloé fue bastante más tarde, después que realizara mi doctorado en Estados Unidos, estudiando la sucesión vegetal. Recuerdo que en los años ochenta fue cuando entré por primera vez a un bosque chilote y eso fue realmente maravilloso. Desde que puse un pie ahí, la inspiración estaba viva”, señaló Armesto en abril del 2021, tras recibir el Premio al Ecólogo Distinguido Robert H. Whittaker.

Así, junto a la inspiración y muchísimas caminatas entre canelos, ulmos, alerces, avellanos, pataguas, calafates, chilcos y otras especies de esta isla, Juan Armesto se convirtió en uno de los investigadores que, actualmente, más conoce sobre flora nativa de Chiloé, su historia e interacciones.

El ecólogo también fue uno de los pioneros en llevar la investigación y educación ambiental a este lugar, trabajando durante más de 20 años con escuelas locales y brindando capacitación a propietarios de tierras, funcionarios gubernamentales, guardaparques, habitantes de las comunidades rurales y otras personas interesadas ​​en la conservación.  Otro aporte fundamental a la educación, fue la creación del curso “Ecología de los Bosques templados del sur de Sudamérica”, que lleva más de dos décadas dictándose en la Estación Biológica Senda Darwin, en Chiloé.

Naturaleza colaborativa

El co-fundador del Instituto de Ecología y Biodiversidad también ha sido un gran referente para otras personas que han aprendido y creado importantes lazos de amistad con él. Lohengrin Cavieres, investigador del IEB y de la Universidad de Concepción, se refiere a esta especial conexión que se inició en 1988, cuando él estudiaba licenciatura en biología en la Universidad de Chile y Juan era su profesor de botánica.

Tanto Armesto como la Premio Nacional de Ciencias, Mary Kalin, y la científica Carolina Villagrán, fueron parte del grupo humano con el que Lohengrin aprendió e interactuó bastante en esos años. “Desde que conocí a Juan, rápidamente quedé asombrado con su lucidez intelectual. Era tranquilo, pacífico, más bien callado, pero tenía una gran capacidad para ver los grandes temas y preguntas”, recuerda el investigador. En ese contexto, también destaca que su forma de mirar la ecología y poner a prueba la teoría en los sistemas naturales, es una dimensión que influyó positivamente en su formación.

Retrato de Silvia Lazzarino

Otro elemento que valora de Juan Armesto, es su capacidad para escuchar y encontrar un punto de equilibrio y reconocer argumentos importantes, especialmente, en momentos de discusiones álgidas. Pero si hay algo que Cavieres destaca mayormente, es una característica muy particular que intenta imitar de su antiguo profesor: su generosidad. “A diferencia de otras personas, desde un principio él se movilizó para generar conocimiento que pudiera ser compartido y también útil. Juan producía muy buena ciencia y la ponía siempre al servicio de conservar nuestros bosques. Por otro lado, cuando surgió la iniciativa de Senda Darwin, lo veíamos produciendo guías de campos, material para colegios y mostrando una veta de divulgación que para ese entonces no era tan común. Junto a Carolina Villagrán, es de los pocos investigadores connotados que se las jugó para que el conocimiento llegara más allá”, complementa el científico de la UDEC.

Esa entrega y dedicación que deja huellas visibles, es un punto que también destaca su hermana Bernardita: “Juan José nació para brillar. Es como si tuviera muy definido su rol en la Tierra, sin desperdiciar el tiempo en cosas que no le interesan. Siempre lo dio todo por lo que él quería, desde chico. Y si hubiese sido cineasta o dibujante también habría brillado”.

“Fue muy entretenido conocer su lado rockero. Le gustaban los vinilos y muchos de éstos los regaló a mi hijo. Parte de esta gran colección musical también está en manos de Sebastián y Martina Armesto, sus hijos. Tenía discos de Rush, y le gustaba mucho la buena música de los 70´, lo que fue una sorpresa para mí. También era un gran admirador del cine y eso me quedó más claro al ver cómo Juan tenía conversaciones profundas sobre cine con mi hija menor que estudia dirección audiovisual”, recuerda.

También hubo otra persona con quien Juan estableció importantes vínculos a lo largo de su vida: la bióloga e ilustradora Alicia Hoffmann, quien falleció en noviembre del 2022 a pocos días de cumplir 90 años. Ambos se conocieron cuando trabajaban en la Universidad Católica, lazo que se acrecentó después con la creación del IEB. Fueron grandes compañeros de trabajo, que compartieron largas conversaciones alrededor de una mesa en el jardín de Alicia, junto a abundantes onces y tartas de frambuesa. Ahí ahondaban en materias referidas a la interacción de plantas con animales, dispersión de semillas, polinización, entre otros procesos.

“Con Juan nos reuníamos bastante y presentábamos proyectos juntos, generalmente aquí en mi casa, tomando tecito. Así que su apoyo siempre ha sido fundamental, revisando textos y ayudando en las correcciones”, recordó Hoffmann en el reportaje Alicia Hoffmann y la ruta por su jardín – Instituto de Ecología & Biodiversidad (ieb-chile.cl)

Fundaciones y orígenes del IEB

Generar una comunidad sólida de científicas y científicos, comprometidos con el estudio y conservación de nuestra biodiversidad, es una dimensión importante en la vida del científico, y que tuvo como uno de sus hitos, la fundación de la Estación Biológica Senda Darwin en 1996, 113 hectáreas de pradera, matorral y bosque lluvioso en Chiloé.

Juan Armesto y la científica norteamericana Mary Willson, fueron los gestores de esta iniciativa que consideró la compra de terrenos en la isla grande, con dinero de su propio bolsillo. Pero también hubo varias y varios investigadores y estudiantes de postgrado que, a inicios de los 90’, aportaron en esa suerte de “vaquita” ecológica. Dentro de ese grupo estaba Carolina Villagrán, Alejandro Peñaloza, Héctor Jiménez, Pedro León y Lohengrin Cavieres, entre otras personas.

En la Senda Darwin | Foto: Daniel Casado

“La idea de comprar estos predios, era disponer de este espacio para la investigación, el monitoreo y posteriormente, las iniciativas de educación ambiental junto a la comunidad”, comenta Lohengrin Cavieres.

En esos mismos años también, comenzaron a surgir importantes conversaciones entre  Mary Kalin, Juan Armesto, y el químico Hermann Niemeyer -hijo del Premio Nacional del mismo nombre-, quienes en 1999 obtuvieron fondos públicos para la creación del Núcleo Milenio de Ecología y Biodiversidad, entidad que cimentó las bases del IEB. Este grupo buscaba generar conocimiento científico de avanzada y proveer de herramientas para hacer evaluación y conservación de los ecosistemas chilenos, de manera más efectiva.

La iniciativa duró alrededor de 5 años y luego, en el año 2005, nació el Instituto Milenio de Ecología y Biodiversidad, bajo el impulso y dirección de Mary Kalin, y con Juan Armesto como subdirector.

En estos primeros años se logró cohesionar un equipo de trabajo e integrar las líneas de investigación en ciencia básica, siendo la biogeografía, paleoecología, ecología de ecosistemas y procesos microevolutivos, algunas de las líneas centrales. El equipo también buscaba promover la conservación de especies, y comprender el impacto del cambio global y efectos del ser humano sobre los ecosistemas y biodiversidad, considerando la relevancia de estos enfoques en el desarrollo medioambiental y socioeconómico de Chile.

Desde entonces, han pasado casi dos décadas, y la influencia de Juan Armesto en el IEB ha sido enormemente relevante para sus colegas, estudiantes y la comunidad general. Esto, no sólo por la prolífica producción científica al interior de este centro, sino también, por las diversas instancias de diálogo en las que ha compartido su conocimiento, visión y los desafíos individuales y colectivos para recuperar nuestro lazo fundamental con la naturaleza.

Tal como ocurre en los bosques que tanto lo sorprenden, Juan sabe que la interacción es clave para generar cambios, cuidar y conservar la salud de nuestro planeta. Así lo expresó durante una entrevista en abril de 2021.

“Nadie quiere que sus hijas e hijos crezcan en un mundo contaminado y degradado. Todos queremos estar en un ambiente bello, verde, con picaflores, mariposas y otros animales interactuando. Sin embargo, lo que hemos hecho es destruir esos vínculos y debemos redescubrir la forma de vincularnos con el mundo más allá de nuestra especie. Es por ello que, si en algo podemos contribuir las y los ecólogos, es ayudar a tomar consciencia de lo que hemos hecho hasta ahora, y cambiar la forma de ver el mundo, para salir adelante a través de un desarrollo más integral. Sin duda, debemos reconocer nuestra capacidad de destruir o cambiar los paisajes, ya que eso nos afecta y seguirá afectando directamente a nosotros”.

“Estamos tratando de que la ecología llegue a todas y todos, para que la sociedad entera pueda tener una parte de su corazón ahí. El mundo realmente lo necesita”, indicó en la nota del IEB

Juan, Marcela y Martina

Actualmente, Juan Armesto se encuentra en Chillán, acompañado de dos mujeres que han influenciado enormemente su vida:  su pareja, la científica Marcela Bustamante, y su hija de siete años, Martina. Ambas entregan su cariño y apoyo permanente, como medicina diaria en su largo proceso de recuperación por Covid. En esa misma casa también, están guardados los mismos diarios y comics que, hace más de 50 años, nacieron de la pluma de Juan, como otro tesoro que nos recuerda su inagotable creatividad, agudeza y pasión por conocer y compartir un pedazo del mundo.

(Por: Carolina Todorovic)