marzo 3, 2026
Científicos hacen un llamado a un “Reinicio de Sistemas” para redefinir el desarrollo sostenible

- Investigadores actualizan el concepto de desarrollo sostenible, situando a la naturaleza como base, con la economía y la sociedad como sistemas dependientes.
- El estudio, el cual integra al director del Instituto de Ecología y Biodiversidad de Chile, concluye que las crisis de sostenibilidad no son solo fallos del mercado, sino el resultado de un “fracaso de valores” más profundo.
- El nuevo modelo de desarrollo sostenible propuesto ofrece un marco para equilibrar naturaleza, economía y sociedad, guiando la agenda posterior a 2030. Ante ello, hacen un llamado a integrar cosmovisiones diversas, incluyendo conocimientos indígenas y locales, en los marcos de sostenibilidad globales y nacionales.
Un nuevo estudio internacional publicado en Communications Sustainability (del Portafolio Nature) pide un cambio fundamental en la forma en que la humanidad entiende y persigue el desarrollo sostenible. El artículo, titulado “Un reinicio de sistemas para el desarrollo sostenible”, liderado por el Dr. David Obura, director de CORDIO África Oriental y actual presidente de la IPBES, sostiene que los marcos actuales -basados en el modelo de tres pilares: naturaleza, sociedad, economía- no son adecuados para afrontar los retos del cambio climático, la pérdida de biodiversidad y la desigualdad. Enlace al artículo https://www.nature.com/articles/s44458-025-00009-3

Un nuevo modelo: naturaleza como base
El nuevo modelo sistémico propuesto coloca a la naturaleza como la base que sostiene la economía, la cual a su vez provee beneficios a la sociedad. Desde abajo hacia arriba: la naturaleza sostiene la economía, que entrega beneficios a la sociedad. Desde arriba hacia abajo: los valores sociales y la gobernanza determinan cómo organizamos nuestras economías, y cómo éstas afectan a la naturaleza. “Debemos superar la idea de que naturaleza, economía y sociedad son dominios separados”, dice el Dr. Obura. “Nuestro modelo los ve como capas interconectadas de un solo sistema integrado.”
Desde su creación, el concepto de desarrollo sostenible buscó equilibrar bienestar humano, crecimiento económico y protección ambiental. Sin embargo, tras casi 40 años, la evidencia muestra que la separación de estos tres elementos ha generado prioridades fragmentadas y conflictos. En lugar de pilares separados, el nuevo modelo plantea que el desarrollo sostenible es un sistema dinámico, basado en tres tipos de capital: Natural, Económico y Social. “Cuando uno de estos capitales se sobreexplota o se agota, todo el sistema se desestabiliza. El capital natural suele ser subestimado, aunque miles de millones de personas dependen directamente de la naturaleza” señaló el Dr. Jean-Marc Fromentin de IPBES.
El estudio argumenta que las crisis actuales no son solo fallos del mercado, sino fallos de valores: Se han priorizado visiones económicas centradas en la extracción, la privatización y el beneficio a corto plazo, desplazando valores como el cuidado, la reciprocidad y el respeto. Se necesita integrar valores diversos, reconociendo la riqueza cultural y los saberes de pueblos originarios. “El desarrollo sostenible requiere más que solucionar fallos del mercado. Implica reconocer y valorar la diversidad de perspectivas de la sociedad”, afirmó el Prof. Mike Christie de IPBES.

¿Qué debe cambiar? – Cuatro cambios clave:
Redefinir la sostenibilidad como equilibrio sistémico, reconociendo que toda actividad humana depende de la estabilidad ecológica. Incluir valores plurales, integrando cosmovisiones indígenas, culturales y relacionales en las políticas de sostenibilidad. Adoptar gobernanza sistémica, que considere las interdependencias y retroalimentaciones entre procesos ecológicos, sociales y económicos. Y por último, redefinir el progreso, yendo más allá del PIB como único indicador, hacia métricas que incluyan salud ecológica, equidad y bienestar humano a largo plazo. “No podemos lograr sostenibilidad tratando a la naturaleza, la economía y la sociedad como compartimentos estancos. Son partes de un todo interdependiente”, destacó la Prof. Paula Harrison de IPBES.
Este nuevo modelo proporciona una hoja de ruta conceptual y práctica para alinear políticas y acciones de gobiernos, empresas y sociedad civil con un enfoque de sistemas. También sugiere cómo reformar los ODS (Objetivos de Desarrollo Sostenible) hacia una versión 2.0 post‑2030, basada en el equilibrio y la inclusión de valores diversos. “La humanidad depende de la naturaleza, pero la biodiversidad está disminuyendo a un ritmo sin precedentes debido a nuestras actividades. Reconocer las interdependencias del sistema traerá beneficios reales para las personas y la naturaleza”, señaló la Prof. Helen Roy, coautora IPBES.
¿Y cómo andamos por casa?
Entrevista a uno de sus autores, el director del Instituto de Ecología y Biodiversidad de Chile, Dr. Aníbal Pauchard.
- ¿Cómo crees que el modelo sistémico de sostenibilidad propuesto en este artículo puede ser aplicado en Chile, considerando la diversidad ecológica y sociocultural?
Si bien en Chile hay un consenso amplio que debemos lograr la sustentabilidad para lograr mayor bienestar social, tenemos aún una gran brecha que superar para poder valorar y medir adecuadamente los distintos valores y aportes de la naturaleza para las personas.
La mayoría de nuestras decisiones se basa en una relación utilitaria de la naturaleza y una fuerte separación entre el ser humano y la naturaleza. Con las herramientas conceptuales y analíticas actuales podemos empezar a mejorar el entendimiento más holístico e integrado de la relación naturaleza-economía-sociedad, como planteamos en el artículo. De hecho, ya se está avanzando en la medición del capital natural, pero eso hay que expandirlo a los múltiples valores sociales de la naturaleza, es un desafío complejo, pero ¡alcanzable!
- Desde tu rol en IPBES y como director IEB ¿crees que se puede avanzar en Chile hacia un reconocimiento más profundo de los valores relacionales e intrínsecos de la naturaleza, especialmente en diálogo con saberes indígenas y locales?
Creo que sí, eso requiere mayor madurez de la sociedad y una actitud más solidaria de respeto entre las distintas miradas de la naturaleza, pero yo he visto que estamos avanzando. El punto es si estamos avanzando a la velocidad que el planeta necesita o estamos yendo más lento que la tasa de destrucción de la naturaleza, esa es mi preocupación fundamental. Más diálogo es necesario y también pienso que la ciencia puede ayudar con herramientas para cuantificar y demostrar la importancia de la biodiversidad y de la multiplicidad de miradas socioecológicas, creo que la sociedad debe ser capaz de reconocer la importancia de la complejidad ecológica y social, solo así el modelo económico se hará más sustentable. En el artículo hacemos énfasis en las múltiples relaciones positivas y negativas entre los distintos elementos del sistema, naturaleza, economía y sociedad, me parece que como sociedad no hemos cuantificado esas relaciones, nuestra toma de decisión tiende a ser basada en maximizar un elemento, que usualmente es el económico.
- El artículo plantea que muchos de los marcos de sostenibilidad dominantes reproducen lógicas extractivistas, en ese sentido, ¿cómo se pueden transformar las estructuras institucionales en el país para romper con esa lógica y transitar hacia una sostenibilidad fuerte?
A nivel global, es difícil dar una receta, en especial en momentos que estamos viendo un cierto retroceso en los avances ambientales e incluso el surgimiento de un negacionismo de la crisis climática y ambiental que vivimos. Lo que yo veo con mucho optimismo es la inclusión de parte de los sectores productivos y de gobierno de las múltiples dimensiones de la sustentabilidad. Por ejemplo, el surgimiento de las certificaciones y compromisos de biodiversidad en el mundo empresarial está alcanzando una profundidad e importancia que no hubiéramos imaginado en los años 2000s. Esto lo he visto de primera mano en las conversaciones que hemos tenido con el mundo empresarial a través de Acción Empresas y Sofofa, y la reciente reunión del REDLAC. El motor de estos cambios ha venido de la misma sociedad que ha exigido a las empresas y los gobiernos subirse al carro de la sustentabilidad, pero no solo para cumplir metas sino que realmente porque las personas están preocupadas del mundo que estamos dejando a las futuras generaciones. ¡Eso me pone optimista!
- ¿Qué oportunidades ves para que el sector productivo chileno adopten este modelo sistémico y reduzcan su impacto negativo sobre el «capital» natural y social?
Nuevamente, veo que esto es posible en la medida que la sociedad se los pida y apoye ese cambio. Evidentemente el modelo económico tiene ciertos indicadores que estas empresas o sectores deben cumplir, ese es su negocio, por lo que no podemos esperar que mágicamente cambien sus prácticas. En ese sentido, el rol del Estado como catalizador de estos cambios transformadores es crucial y también es importante que todo tiene un costo ya sea económico directo o de oportunidad, es decir tenemos que hacer sacrificios actuales para un mejor futuro. Creo que el marco de IPBES y el modelo sistémico de sustentabilidad que mostramos en nuestro artículo pueden ayudar a tener esa conversación y negociación de mejor manera. En el fondo los sectores empresariales también quieren mayor valor en el largo plazo y eso requiere una sociedad más sustentable, el problema pasa por el corto plazo que tiende a generar esta tensión entre naturaleza y economía.
- ¿Qué papel deberían jugar los científicos en Chile en este cambio de paradigma hacia ese enfoque más «holístico» e inclusivo de sostenibilidad? ¿cómo equilibrar la incidencia política, la responsabilidad que conlleva la participación en IPBES, y el trabajo académico local?
El rol de la ciencia y los científicos, creo que es crucial, para lograr estos cambios transformadores. A nivel global, ha habido una interesante discusión sobre el rol de activismo de los científicos. Para mí, más allá de como lo denominemos, resulta absurdo que los académicos no comuniquemos y alertemos de lo que estamos viendo con nuestras investigaciones, que en el caso de la ecología, es el catastrófico deterioro de la salud del planeta. Me parece imposible e irresponsable no hacer ver esto a la sociedad. También, tenemos que ayudar a encontrar soluciones, porque obviamente estamos en una situación privilegiada del conocimiento y ese aporte puede ser clave para la sociedad. Todo esto no significa que perdamos nuestra capacidad objetiva de hacer ciencia. Por supuesto, el mundo académico es diverso y necesitamos de todas y todos para aportar en estas tareas. Por último, veo un círculo muy virtuoso entre la ciencia internacional y la local, participar en instancias globales permite que nuestra realidad sea vista en el mundo y aportar nuestra visión desde el sur de Chile, y a la vez estamos trayendo lo mejor de la ciencia mundial a nuestras aulas y laboratorios, que luego puede ser un aporte a los territorios locales.
