enero 9, 2024

Cambio climático y crisis de la biodiversidad en la COP 28: abordaje incipiente y desafíos que nos dejó la cumbre mundial

Afrontar el cambio climático protegiendo la naturaleza de manera conjunta, es una necesidad urgente y global que fue incorporada, pero de manera muy incipiente en la reciente COP28, encuentro que reunió a más de 80 mil personas en los Emiratos Árabes, incluyendo a una delegación de tres científicas chilenas pertenecientes al Instituto de Ecología y Biodiversidad, IEB.

Uno de los grandes acuerdos al que se llegó en la 28ª Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, hizo referencia a la necesidad de abandonar progresivamente el uso de todo tipo de combustibles fósiles, realizando una transición justa, ordenada y equitativa. Esto, a fin de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y alcanzar la carbono neutralidad el año 2050. En ese contexto, por primera vez se realizó un balance de cómo la comunidad internacional ha contribuido a la reducción de las emisiones, concluyendo que la meta de limitar el calentamiento global a 1,5 grados prevista en el Acuerdo de París en 2015, está en riesgo.

Desde la izq: Eugenia Gayó, junto al Ministro de Agricultura, Esteban Valenzuela, y la investigadora Olga Barbosa, durante la COP.

Para transitar hacia ese cambio en materia de combustibles, 118 países firmaron un acuerdo para triplicar la capacidad de energía renovable y duplicar la eficiencia energética, de aquí al 2030. Por otro lado, se estableció que los países desarrollados entregarán 700 millones a un fondo de “Pérdidas y daños”, para apoyar a los países más pobres y vulnerables a los impactos del cambio climático, quienes ya están sufriendo las consecuencias hoy.

Por primera vez también se enfatizó la importancia de incluir en este desafío a la agricultura y los sistemas alimentarios, definiéndose cinco objetivos para ser trabajados de manera rápida y colectiva. COP28 Declaration on Food and Agriculture

Las discusiones también apuntaron al fortalecimiento de los derechos y medios de vida de los pueblos indígenas, como una dimensión crucial para proteger la biodiversidad, la integridad ecológica, y favorecer la adaptación al cambio climático y mitigación del mismo.

Mónica Ortiz durante la jornada internacional

Sin embargo, tanto los discursos como las negociaciones realizadas por los representantes de los Estados, generaron discrepancias en las y los participantes. En el caso de la agricultura, por ejemplo, no se logró consensuar actividades concretas para mejorar la resiliencia agrícola frente al cambio climático, que hoy afecta a la población más vulnerable particularmente en el Sur Global. OPINIÓN | Agricultura y sistemas alimentarios: un aspecto tibio en la COP28 – Instituto de Ecología & Biodiversidad (ieb-chile.cl)

Así lo estiman Olga Barbosa, Eugenia Gayó y Mónica Ortiz, las investigadoras del IEB que participaron activamente de la cumbre climática, y quienes a días del encuentro, analizaron algunos aportes, desafíos y puntos débiles tratados, principalmente, en relación al abordaje e importancia que se dio a la biodiversidad en el contexto de la urgencia climática.

Cambio climático y biodiversidad

Proteger y restaurar la naturaleza en el marco de la crisis climática, fue una consigna que se escuchó, pero de manera débil y restringida en los salones de la COP. Eugenia Gayó, también investigadora de la Universidad de Chile, del Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia CR2, y directora del Núcleo Milenio UPWELL, se refiere a esto.

“La importancia de la biodiversidad se trató incipiente y someramente, como si se tratara de un aspecto tangencial, y lo que necesitamos es que exista mayor conexión entre esta dimensión y el cambio climático. El mismo hecho de que existan dos COP, una dedicada al cambio climático y otra a la biodiversidad, es algo que lo demuestra. Lo que sí resultó positivo, fueron las negociaciones en torno a la adaptación global. Se reconoció a la naturaleza en general y a los patrimonios, pero todavía existe una visión acotada, por ejemplo, al vincular el valor de los ecosistemas naturales principalmente con los pueblos indígenas o hotspots de biodiversidad como la Amazonía y el Congo. Tampoco se consideró a la biodiversidad en contextos urbanos, ni a los procesos que ahí ocurren y que la amenazan. La conservación de la naturaleza aún se ve de manera muy ingenua”, explica la investigadora.

Dubai | Foto: Mónica Ortiz

Para romper esa brecha y avanzar hacia una dimensión política que pueda llegar a los tomadores de decisiones, Eugenia Gayó recalcó la necesidad de mejorar la comunicación y el énfasis en torno a la biodiversidad y el rol que los diferentes ecosistemas tienen en la mitigación de la crisis climática. En el caso de Chile, destacó la importancia de la diversidad de nuestros bosques, como el esclerófilo o el templado, y el rol de turberas y bofedales como grandes reservorios de carbono y gases de efecto invernadero. “Las soluciones basadas en la naturaleza son fundamentales, pero terminan siendo secundarias al momento en que hablamos de biodiversidad y cambio climático. Enfatizar esa inextricable relación es algo en lo que tenemos que seguir trabajando”, señaló.

Olga Barbosa, académica de la Universidad Austral de Chile y fundadora del Programa Vino, Biodiversidad y Cambio Climático, VCCB, también participó de numerosas reuniones en la COP, observando además los debates en torno al uso de energías renovables, el protagonismo que está tomando el hidrógeno verde en materia de transición energética, y la existencia de mecanismos financieros dirigidos a la industria y el mundo privado. “La crisis climática no es un problema solo de gases de efecto invernadero, sino también una crisis de biodiversidad. Y eso es algo que no se vio con fuerza en esta COP. Por eso no sólo debemos entender y decir que la biodiversidad es fundamental, sino que necesitamos pasar a la acción y ayudar a que la industria, a nivel mundial y en Chile, lo entienda como una prioridad y la incorpore a en sus modelos de negocios. La biodiversidad no puede esperar”, expresó.

La científica del IEB, indicó además que de los cinco aspectos más importantes tratados en la COP, dos tienen que ver con duplicar las fuentes de energía renovables para llegar a la carbono neutralidad y “otro punto estrella es el hidrógeno verde”, cuya industria busca ser desarrollada de manera sostenible, siendo ahí donde “también debe priorizarse el cuidado de la naturaleza”.

Respecto al soporte que los países más ricos entregarían a los más pobres, con el fin de apoyar la mitigación del cambio climático, Olga Barbosa sostuvo que esa es una gran instancia para incluir a la biodiversidad, a través de mecanismos financieros aplicados a todo tipo de industrias. En ese contexto, también mencionó el rol importante de instituciones como la International Finance Corporation, IFC, que también financia proyectos de gran envergadura que van desde la agricultura al hidrógeno verde.

Por su parte, la investigadora del IEB y de la Universidad de Concepción, Mónica Ortiz, participó en diferentes instancias de la COP, principalmente ligadas a la agricultura, y como representante de la delegación de Filipinas. En ese marco, realizó una presentación de su trabajo “The land and sea routes to 2030: a call for greater attention on all small islands in global environmental policy«, publicado en la revista científica NPJ Biodiversity.

Mónica Ortiz durante su presentación

En relación al abordaje de la agricultura en la cumbre, su percepción es que si bien el tema logró ser puesto sobre la mesa, las negociaciones fueron tibias y poco fructíferas, principalmente porque no se logró consensuar qué significa la implementación de la acción climática, y porque hubo trabas para trabajar coordinadamente, por parte de los países ricos.

Al respecto, señala que se requiere de un plan de acción concreto, recursos y gobernanza para transformar la agricultura, proceso que tendría un efecto directo sobre la diversidad biológica. “Dado que la agricultura es el mayor impulsor del cambio en el uso de la tierra, también es el factor más significativo de la pérdida de biodiversidad. Por ello, si los sistemas alimentarios se vuelven más sostenibles y resistentes, aportarán beneficios a todas las acciones relacionadas con el cambio climático y la biodiversidad”.

Y en relación a la misma agricultura, las tres investigadoras enfatizaron en el rol crucial de esta actividad, como causa y potencial solución al cambio climático. “Esta evidencia también destaca la ineludible conexión entre biodiversidad, agua, cambio en el uso del suelo y emisiones de gases de efecto invernadero, impactando la resiliencia de las comunidades. Este enfoque ha sido precisamente el que ha tenido la investigación realizada por el Instituto de Ecología y Biodiversidad, IEB, en los últimos 15 años”, según establecieron en su reciente columna de opinión. 

Empujando desde el IEB

En ese mismo contexto, desde el IEB se está buscando que la ciencia de frontera pueda impactar en los diferentes territorios, promoviendo la conservación de la naturaleza como una estrategia clave para la salud de los ecosistemas y el bienestar humano, lo que incluye también, el abordaje de la crisis climática.

Aníbal Pauchard

Aníbal Pauchard, director del centro y académico de la Universidad de Concepción enfatiza este punto. “Al término de la COP, vemos que nos queda un gran desafío, que es poder conectar de mejor manera la agenda de biodiversidad con la de cambio climático, porque pareciera que hay una desconexión a nivel global y muchas veces se toman decisiones tecnológicas o ingenieriles y no necesariamente basadas en la naturaleza. Y eso es algo riesgoso, desde el punto de vista de la sustentabilidad de las soluciones para el cambio climático. Sin embargo, también hay algunas instancias, como la agenda de trabajo entre ambos paneles intergubernamentales, el IPCC y el IPBES, que si bien es lenta, busca abordar las dos crisis de manera conjunta”.

Por otro lado, en el marco del trabajo realizado en el IEB, Pauchard destaca que desde sus inicios siempre ha existido una relación bastante estrecha con las y los investigadores y centros que lideran estudios sobre cambio climático, con los cuales existe una sinergia. “Lo que falta ahora es poder transferir esos conocimientos científicos a elementos que sean más directos para la toma de decisiones. Eso es algo en lo que podemos avanzar más, así como llegar con soluciones aplicadas más directamente a quienes están a cargo del manejo de los recursos naturales. Pero eso requiere ir más allá de la ciencia, integrando tanto al Estado como a la empresa privada. No es fácil esa articulación, pero hemos asumido el desafío”, señala.

En esa misma línea, la investigadora Olga Barbosa expresa que desde el IEB es fundamental poder seguir avanzando en el desarrollo de soluciones basadas en la naturaleza, y generando mecanismos que permitan incluir a la biodiversidad en los modelos de negocio. “Así se ha realizado con la industria del vino y ahora el desafío es seguir avanzando y expandiendo esta mirada en el ámbito de la agricultura”, finaliza.