julio 6, 2026

Cada árbol cuenta

Por: Scarlett Barra 

Periodista y divulgadora científica del IEB, en Estación Biológica Senda Darwin 

Cada año el Día del Árbol nos invita a detenernos por un momento y mirar aquello que muchas veces damos por sentado. Caminamos bajo sus copas, disfrutamos de su sombra, admiramos los bosques que rodean nuestras comunidades y sin embargo, pocas veces nos detenemos a pensar que los árboles sostienen mucho más que un paisaje: sostienen nuestra vida.

En un territorio como Chiloé, donde el bosque nativo forma parte de nuestra identidad, comprender su importancia debería ser una tarea cotidiana. Los árboles regulan el ciclo del agua favoreciendo que la lluvia infiltre el suelo y alimente vertientes, humedales y napas subterráneas. Protegen el suelo de la erosión, evitando que las lluvias arrastren la tierra fértil de la que depende gran parte de la vida. Además, producen el oxígeno que respiramos y capturan dióxido de carbono, contribuyendo a enfrentar uno de los mayores desafíos de nuestro tiempo: el cambio climático.

Pero su valor va mucho más allá de estos beneficios. Un árbol es también un hogar. Entre sus ramas, troncos y raíces viven aves, mamíferos, insectos, hongos y una gran diversidad de organismos que mantienen en funcionamiento los ecosistemas. También proporciona alimento, refugio y las condiciones necesarias para que la biodiversidad lo habite. Cuando desaparece un bosque no solo perdemos árboles, perdemos relaciones ecológicas construidas durante cientos y quizás miles de años.

En Chiloé nuestros bosques nativos son además guardianes de la memoria del territorio. En ellos conviven conocimientos científicos y saberes locales que han permitido comprender y habitar estos ecosistemas por generaciones. Son parte de nuestra cultura, de nuestras historias y de la relación que muchas comunidades mantienen con la naturaleza. Cuidarlos es también proteger ese patrimonio biocultural que nos distingue.

Sin embargo, conocer esta importancia no basta si ese conocimiento permanece únicamente en los laboratorios o en las publicaciones científicas. Como periodista y divulgadora científica he aprendido que uno de los mayores desafíos de la ciencia es lograr que las personas se apropien de ese conocimiento y lo incorporen en las decisiones que toman cada día. Comunicar la ciencia no consiste solo en explicar resultados de investigación, consiste en tender puentes entre el conocimiento y la vida cotidiana, haciendo visible cómo aquello que ocurre en un bosque influye directamente en el agua que bebemos, en el aire que respiramos y en el bienestar de nuestras comunidades.

Desde el Instituto de Ecología y Biodiversidad en la Estación Biológica Senda Darwin trabajamos precisamente con esa convicción: investigar para comprender estos ecosistemas, conservarlos y compartir ese conocimiento con quienes habitan el territorio. Porque solo aquello que conocemos podemos valorarlo y solo aquello que valoramos estaremos dispuestos a protegerlo.

En este Día del Árbol la invitación es sencilla, pero urgente. Miremos nuestros bosques con otros ojos. Entendamos que cada árbol cumple una función irremplazable y que su conservación no depende únicamente de científicos o instituciones, sino también de cada uno de nosotros y nosotras. Porque cuando protegemos un árbol, también protegemos el agua, el suelo, el clima, la biodiversidad y el futuro de Chiloé. .