septiembre 30, 2024
Analizan brechas sobre el uso de la genética para la conservación en América Latina

-Un estudio publicado en la revista Frontiers in Genetics, liderado por la científica del IEB, Constanza Napolitano, abordó la realidad de 21 países del continente más biodiverso del planeta. El trabajo también reconoce los desafíos y oportunidades para integrar la genética en las prácticas de conservación.
América Latina y el Caribe concentran el 60% de la biodiversidad a nivel mundial, albergando la mayor cantidad de aves, anfibios, mamíferos, reptiles, peces y plantas en el planeta. Sin embargo, la pérdida de biodiversidad ocasionada por el Cambio Global está afectando el equilibrio de sus ecosistemas y especies, requiriendo de medidas urgentes para frenar la crisis.
En ese contexto, la diversidad genética desempeña un papel crucial en la resiliencia de los ecosistemas, adaptación y supervivencia de las especies, siendo también un aspecto clave para la conservación y la toma de decisiones. ¿Qué pasa con esta materia en Latinoamérica? ¿De qué manera se incluyen los estudios y datos genéticos en las políticas y prácticas de conservación en la región?
Un reciente estudio, liderado por Constanza Napolitano, investigadora del Instituto de Ecología y Biodiversidad, IEB, y académica del Departamento de Ciencias Biológicas y Biodiversidad de la Universidad de Los Lagos, se focalizó justamente en comprender la brecha que existe entre conservación y genética en América Latina. Esta investigación contó con la participación de 32 científicas y científicos de 20 países del continente y se publicó en la revista especializada Frontiers in Genetics.
Para este fin, las y los autores desarrollaron una encuesta para identificar obstáculos y oportunidades entre investigadores dedicados a la genética y gestores de la conservación, con el objetivo de comprender mejor sus puntos de vista y entender cómo la investigación genética podría ayudar a estos profesionales a alcanzar sus metas, mediante la implementación de estudios genéticos que informen eficazmente las prácticas de conservación. Además, se realizó un diagnóstico a nivel regional y se entregaron una serie de recomendaciones. La encuesta estuvo dirigida a gestores de la conservación en América Latina, implicados directa y recientemente (2017-2021) en la conservación de una especie o área, ya sea mediante la planificación de estrategias de conservación (por ejemplo, planes de acción para especies), la supervisión del manejo, el monitoreo de especies o la evaluación de los resultados de dichas prácticas. Los científicos que no participaban directamente en manejo para la conservación, o sin experiencia práctica en conservación, no fueron encuestados. Esta encuesta se materializó en 468 cuestionarios contestados por gestores de la conservación procedentes de 21 países latinoamericanos.
“Este es uno de los proyectos más desafiantes y gratificantes que me ha tocado liderar, donde tuve la suerte de colaborar con 32 coautoras y coautores de 20 países de Latinoamérica. Desde hace tiempo se viene discutiendo sobre el desafío de integrar los resultados genéticos a la gestión para la conservación y cómo las y los investigadores podemos tener más vínculos con los tomadores de decisiones, para que los resultados no queden encerrados en la academia. Todo esto, considerando que la incorporación de la información genética a las estrategias y políticas de gestión para la conservación sigue siendo un desafío mundial”, explica Constanza Napolitano.
Principales resultados y obstáculos
El estudio mostró que un 65% de los encuestados ha realizado o utilizado estudios genéticos en su área o especie gestionada, ya sea solos, en colaboración, contratando a alguien más, o utilizando resultados publicados. Asimismo, para la mayoría de las personas, los resultados genéticos fueron considerados relevantes para sus objetivos de manejo en conservación y contribuyeron a informar las decisiones de manejo.
Los encuestados que no habían realizado o utilizado estudios genéticos (35%) pertenecen principalmente al grupo no académico, y entre éstos, los principales obstáculos mencionados fueron el acceso limitado a financiamiento e instalaciones de laboratorio genético, falta de ayuda y orientación en el diseño de un estudio genético y falta de personal capacitado para diseñar estudios y realizar trabajos de laboratorio.
En relación al uso de la genética para la conservación, los países que lideran son Brasil, México y Chile en cuanto al número de estudios publicados. Estos estudios se centran principalmente en especies terrestres, incluyendo aspectos como la sobreexplotación y pérdida de hábitat y sus consecuencias en la genética de poblaciones y/o especies.
El estudio también detectó los principales desafíos y oportunidades, e incluyó una propuesta de soluciones. Respecto a lo primero, se estableció que un desafío importante en América Latina debe estar enfocado en aquellos gestores y gestoras que no han realizado o utilizado evaluaciones genéticas, los que representan un tercio de la muestra.
Por otro lado, las oportunidades que advierten las y los autores se focalizan en aumentar el conocimiento sobre la información útil que puede obtenerse usando herramientas genéticas para informar decisiones de manejo. También, se propone promover y fortalecer la comunicación y colaboración entre genetistas y gestores. Y por último, comunicar y compartir resultados genéticos de manera sencilla y aplicada.
Otro foco de la encuesta -que fue traducida a los idiomas más importantes de América Latina- fue ver si existía una brecha de género entre mujeres y hombres en el ámbito del manejo para la conservación en América Latina. Los resultados mostraron que el 63% de las mujeres gestoras ocupaban puestos ejecutivos de nivel medio (investigadoras) y el 28% tenía puestos de dirección o de mayor rango (directoras). Por el contrario, una mayor proporción de gestores hombres ocupaba puestos de director o de rango superior (37%).
Y en cuanto a las soluciones, se propone implementar una plataforma digital abierta para reunir a genetistas y gestores de Latinoamérica interesados en la colaboración, a través de la cual se podrá interactuar, obtener herramientas, mentorías y generar una red colaborativa.
“Acá en Latinoamérica, comparado con el norte global, la brecha consiste principalmente en que la mayor parte de los servicios públicos no realizan investigación por lo que requieren siempre colaboración con la academia. En este contexto, es importante discutir la co-creación de preguntas desde el inicio de la investigación y hacer más integral la vinculación entre ambas partes”, destaca Constanza Napolitano.
Lo que nos dice la genética
“Pero, ¿por qué es tan relevante el uso de la genética? A través de una muestra de sangre, una pluma, heces u otra muestra biológica, es posible tener acceso al ADN de un organismo, elemento básico de la genética, ciencia que estudia la herencia biológica de una especie, que va pasando de generación en generación. “La genética nos puede ayudar a definir los grupos o unidades a conservar y entregarnos información sobre qué poblaciones están conectadas o aisladas de otras poblaciones. Si una población es pequeña y está aislada tiene un mayor riesgo de extinción, ya que pierde diversidad genética y tiene menos probabilidad de rescate por otras poblaciones, por lo cual debería tener mayor prioridad de conservación. Por otro lado, con la genética podemos saber qué nivel de diversidad genética tiene una población o especie, siendo una mayor diversidad positivo para ésta ya que tendría un mayor potencial para adaptarse mejor a los desafíos del cambio climático o las enfermedades emergentes”, explica la investigadora del IEB.
La científica también destaca que la genética es parte esencial de la biodiversidad, por lo que debiera ser un punto importante de discusión en los diversos países y también en la próxima COP16 de Biodiversidad. “Es muy importante ver cómo integrarla de la mejor forma en el contexto de los desafíos 30X30 de conservación”.
Finalmente, respecto al trabajo publicado, Constanza Napolitano aborda algunas recomendaciones centrales, como fomentar las instancias de capacitación sobre uso de la genética en un lenguaje más simple y común, y mejorar el financiamiento. “Latinoamérica es un continente muy heterogéneo, con realidades sociales y desafíos muy distintos en los diversos países, las que en algunos casos enlentecen el desarrollo de la ciencia y el avance de la conservación. En ese contexto, hacemos un llamado a las instituciones del norte global a colaborar con este desafío que va en directo beneficio de la conservación de nuestros ecosistemas altamente biodiversos. En específico para Chile, se requiere de un diagnóstico más profundo en nuestro país acerca de los desafíos y oportunidades para integrar la genética en las prácticas de conservación.