May 22, 2022

Día Mundial de la Biodiversidad en Chile: ¿Un año más sin un Servicio de Biodiversidad y Áreas Protegidas?

Aníbal Pauchard & Olga Barbosa

Instituto de Ecología y Biodiversidad, IEB

Ya no existe duda respecto a la crisis de la biodiversidad que enfrentamos. Frente a nuestros ojos vemos cómo las especies se extinguen, sus números disminuyen y los ecosistemas se degradan, y aún así seguimos pensando que somos un ente separado de la naturaleza y que nuestro futuro está ajeno a este problema. Nosotros somos biodiversidad, por tanto, esta crisis no solo la hemos provocado, sino que también nos afecta de manera directa.

La crisis toma distintos matices. Por un lado, sabemos que más de un millón de especies están al borde de la extinción, según fue estimado por el Panel Intergubernamental de Biodiversidad y Servicios Ecosistémicos (IPBES) en su informe global de 2019. Por otro lado, la evidencia muestra que hay una estrecha relación entre la grave crisis climática, que nos golpea día a día (sequía, huracanes, inundaciones) y la pérdida de la biodiversidad. IPBES junto a su equivalente climático el IPCC, han unido fuerzas, en su informe conjunto de 2021, mostrando que para lograr la sustentabilidad planetaria es necesario resolver ambas crisis: clima y biodiversidad.

Esto lo tiene muy claro nuestra Ministra del Medio Ambiente, Maisa Rojas, quien ha indicado que Chile debe reconocer la gravedad del problema y diseñar medidas integrales al respecto. La sustentabilidad planetaria pasa, entonces, por reducir los factores que amenazan la biodiversidad y el clima, como el cambio de uso del suelo, invasiones, la contaminación y la extracción irracional de los recursos naturales. Todos estos factores no sólo se suman, sino que se multiplican entre sí, creando sinergias con efectos adversos aún desconocidos.

Si bien Chile posee un vasto territorio protegido por nuestro Sistema Nacional de Áreas Protegidas (SNASPE, 18,6 millones de hectáreas – 21,3% del territorio nacional), ésta no está entregando protección a una gran proporción de sitios, especialmente en Chile central, que contienen la mayor diversidad de plantas vasculares -la mayoría de las que conocemos excepto musgos y líquenes-, y fauna, principalmente terrestre. Esto ocurre, como en muchos países, porque se ha entendido que el costo oportunidad de preservar estos sitios, versus producir en éstos, es muy alto. Es así como hoy, la porción de Chile que contiene mayor biodiversidad (de manera simple entre La Serena y Puerto Montt), es exactamente el área donde habitamos el 70% de la población urbana y donde se produce aproximadamente el 95% de la actividad agrícola (Domínguez et al, 2019) y 66,4% de la actividad forestal (CONAF, 2020; Soto et al, 2021).

Hoy tenemos la oportunidad de cambiar el paradigma de relación entre las personas y la naturaleza, hacia un modelo que reconozca nuestra dependencia de la biodiversidad. Uno de los puntos críticos que debemos abordar en Chile, es la falta de representatividad de nuestras áreas protegidas, haciendo imperativo esfuerzos de conservación fuera de éstas, para poder complementar y completar un sistema eficaz de conservación. Porque no sólo de áreas protegidas vive la biodiversidad. Necesitamos que las zonas fuera de las áreas protegidas aporten también hacia la conservación y protección integral de nuestro patrimonio natural, incluyendo zonas de protección privadas, zonas agrícolas y zonas urbanas.

Esto no puede ser solo en base a buenas voluntades. Hoy sabemos de iniciativas de muchos propietarios que apoyan este esfuerzo a través de Así Conserva Chile y otras agrupaciones, y por otro lado, algunas empresas de los sectores productivos, por ejemplo, en la viticultura que protege sus bosques nativos a través de planes y lineamientos de buena prácticas. También, nos trae buenas noticias la reciente creación del Fondo de la Naturaleza, que busca conectar de manera más eficiente las voluntades privadas con ideas innovadoras y efectivas de conservación.

Pero aquí falta una pieza esencial del puzzle, y ésta es la existencia del Servicio de Biodiversidad y Áreas Protegidas (SBAP), el cual no se ha materializado porque el proyecto de ley sigue siendo discutido en el congreso desde el año 2011. Si bien la iniciativa no es perfecta, como ningún proyecto de ley, es un avance muy importante al reconocer a la biodiversidad como un tema intersectorial y asignarle la relevancia necesaria en un sistema integrado que está alineado con los conceptos y directrices globales de la conservación. De hecho, en estos 11 años se ha mejorado en forma y fondo con las indicaciones del Senado y la Cámara de Diputados.

Así como Chile ha ido avanzando en distintas materias ambientales, como la firma de adhesión al Convenio de Escazú y la incorporación de elementos claves en la propuesta de nueva Constitución, es necesario hacer un esfuerzo transversal para lograr la creación del Servicio de Biodiversidad y Áreas Protegidas. Los desafíos de biodiversidad y cambio climático son demasiado grandes para que en Chile el 2023 celebremos otro Día de la Biodiversidad sin esta pieza clave: el SBAP.