December 2, 2021

Cómo hacer frente a la sequía y no morir en el intento: la enseñanza de los árboles patagónicos

-Un estudio en la Región de Aysén, demostró que diferentes comunidades de plantas lograron resistir a condiciones de sequía sin alterar su funcionamiento, convirtiendo a este ecosistema en un importante pulmón para el secuestro de carbono y mitigación del cambio climático.

La investigación, publicada en la Revista Functional Ecology, estuvo a cargo de Frida Piper y Alex Fajardo, investigadores del Instituto de Ecología y Biodiversidad, IEB.

Los episodios de sequía cada vez más presentes en nuestro planeta, han provocado gran mortalidad y una disminución del crecimiento en árboles de todo el mundo, afectando con ello la vida de los ecosistemas forestales, y funciones claves como la captura de carbono, fundamental en el combate del cambio climático. Sin embargo, al sur de Chile, en la Región de Aysén, numerosas especies de plantas han podido hacer frente a la sequía sin morir en el intento.

Considerando el episodio de mayor sequía de los últimos 70 años en la Patagonia, ocurrido entre 2015 y 2016, se realizó un estudio para entender cómo la vegetación característica de esta zona reaccionaba ante este estrés ambiental. El trabajo, publicado en la Revista Functional Ecology, estuvo a cargo de Frida Piper, agrónoma e investigadora del Instituto de Ecología y Biodiversidad, IEB, de Alex Fajardo, científico asociado al IEB, y ambos de la Universidad de Talca.

En esta investigación se exploró la resiliencia de comunidades de plantas distribuidas ampliamente. Para ello se estudiaron 12 sitios con diferentes condiciones climáticas, niveles de precipitación y altura sobre el nivel del mar, focalizándose particularmente en ocho especies de plantas nativas de la zona, entre ellas, el ñirre, el notro, el coigue y la laura.

Frida Piper en Patagonia

“El resultado que obtuvimos fue muy claro. Todas las especies de la comunidad, independiente de si se encontraban en un sitio muy lluvioso o muy seco, fueron poco afectadas por la sequía, en todas las variables que medimos. Es como si las plantas no hubieran sentido la sequía que, por supuesto, no fue de la magnitud de lo que ocurre en Chile central, cuyo déficit es de un 70%. El evento en Patagonia ocurrió solo un año y con un déficit de no más de 45%”, explica la científica y Doctora en Biología.

Midiendo la resiliencia

A lo largo del tiempo, las plantas han desarrollado diferentes estrategias para sobrevivir y resistir a la falta de agua, características que pueden ser observadas y analizadas. Ejemplo de ello son las reservas de carbono, las que según Frida Piper, funcionan como una verdadera “cuenta de ahorro” para las plantas en momentos de escasez.

“Las reservas de carbono son indicadores del balance y vigor de una planta. Cuando el árbol está usando más energía de lo que gana, está en problemas, porque empieza a depender del stock de energía que tiene ahorrado, en esta especie de cuenta bancaria. Y ahora, el contexto de cambio climático y sequía obliga a las plantas a vivir con ese estrés, y entonces ellas tienen dificultades para hacer fotosíntesis, teniendo que recurrir a sus reservas. Esto es algo similar a lo que ocurre con nosotros, que cuando estamos un tiempo sin comer gastamos las reservas de lípidos. Las plantas hacen lo mismo y por eso es tan importante poner atención a este rasgo”, señala la investigadora.

Otra estrategia que emplean las plantas frente a la sequía, es la reducción de su crecimiento y el cierre de sus estomas, que son poros mediante los cuales se absorbe el carbono atmosférico.

En ese contexto, Frida Piper comenta que el estudio demostró que la vegetación de la Patagonia no presentó cambios en estos aspectos. “Es notable que ante esa variedad de especies de plantas y de condiciones ambientales, ninguna de ellas pasó condiciones de hambre. En resumen, vimos que todo lo que se ha descrito para otros lugares del mundo aquí no pasó. Estas especies fueron insensibles a la sequía”.

Bosque patagónico | Foto Frida Piper

Respecto a la elección de plantas a estudiar, la científica señala que se focalizaron en  especies que tienen una amplia distribución geográfica a lo largo de gradientes muy marcadas y variaciones pluviométricas que ofrece la Región de Aysén, zona a su entender, muy poco conocida y descrita en términos ecológicos y botánicos, debido a su aislamiento.

Así, una de las características notorias es que desde la zona de los fiordos hasta el litoral, existen precipitaciones de 4000 o 5000 milímetros, mientras que en el otro extremo, a unos 200 km hacia el Este, en el límite con Argentina, las lluvias son de unos 400 milímetros. “Este escenario es un experimento natural maravilloso. Existen especies comunes a lo largo de esas gradientes y también, otras que solo crecen en determinados puntos geográficos. En los sitios secos hay una comunidad de plantas más bien xerófita, es decir, plantas comunes en zonas áridas, y en el sitio húmedo, plantas típicas del bosque templado lluvioso. Sin embargo, en general todas son especies que tienen bajas tasas de crecimiento y, por tanto, necesitan de menos carbono y nutrientes para desarrollarse”, asegura la agrónoma e investigadora de la Universidad de Talca.

Una de las hipótesis propuestas era que las especies de amplia distribución podrían responder más positivamente ante la sequía, y así fue. Pero también resistieron muy bien las plantas que sólo crecen en determinados puntos geográficos.

Por otro lado, también observaron que la vegetación estudiada, tenía la capacidad de generar gran cantidad de azúcares, elementos que promueven una mayor absorción del agua, haciendo que los tejidos de las plantas se mantengan turgentes, rellenos de agua, y así puedan evitar la desecación ante la escasez de lluvia.

Con todos estos antecedentes, la Doctora en Biología comenta que es fundamental poder proteger a este ecosistema al sur del mundo. “Los bosques de la Patagonia son grandes captadores de carbono atmosférico y eso nos habla de su potencial como pulmón que va a seguir funcionando ante condiciones de sequía leve o moderada. En segundo lugar, ya está demostrado que la mitigación al cambio climático que hacen los bosques prístinos y maduros es irreemplazable y que no existe tecnología que pueda mejorarla. Por eso es que deforestar un bosque y después plantar, no es la solución. Cuesta mucho tiempo que se pueda establecer una plántula de especie nativa y ésta tiene muchas chances de morir. Ante ello entonces, la prioridad es conservar este tipo de bosques, si el objetivo claro es mitigar el cambio climático”, asegura.

Finalmente, otro gran mensaje que arroja este trabajo, es que las plantas que requieren menos recursos para vivir y crecer, resisten mejor a los embates ambientales, sin alterar las condiciones del bosque y del ecosistema. “El propio bosque nos está enseñando que la forma para hacer frente al cambio climático es consumir menos recursos, y eso es también lo que deberíamos hacer como especie humana. El planeta no aguanta la gigantesca tasa de consumo que actualmente existe, y debemos hacer algo al respecto”, detalla Frida Piper.