November 26, 2019

Rastrean el impacto del comercio global de la soya en la biodiversidad de Brasil

 

Un estudio internacional revela cómo las tendencias globales del mercado de la soya amenazan la diversidad de especies raras de la sabana tropical más grande de Sudamérica.

Se ha documentado, ampliamente, cómo la agricultura se vincula con la pérdida de biodiversidad a nivel mundial. Sin embargo, la complejidad de las cadenas de suministro dificulta los esfuerzos de diversos países y sectores para reducir los efectos desencadenados por esta actividad.

Por ello, un grupo de investigadores publicó un estudio en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), que muestra un innovador método desarrollado a través de la iniciativa Trase, el cual permitió revelar, por primera vez, a los actores responsables del mercado internacional de soya, midiendo la correspondiente pérdida de biodiversidad producida en la sabana de Cerrado, en Brasil.

“Nuestro nuevo método revela vínculos específicos entre los países consumidores, los comerciantes, la producción de soya y la pérdida de hábitat. Este tipo de conocimiento puede ser invaluable para ayudar a las empresas y a los países a abastecerse de manera más sostenible e invertir en una agricultura menos dañina desde el punto de vista ecológico”, mencionó el autor principal, Jonathan Green, del Instituto de Medio Ambiente de Estocolmo (SEI) de la Universidad de York.

El inédito modelo de trazabilidad conecta flujos financieros (dinero) con flujos de producción (toneladas) que permiten seguirle el rastro a la soya desde su producción hasta su punto final de consumo. Asimismo, es la conexión de este exhaustivo modelo con una nueva métrica de biodiversidad lo que posibilita la atribución de la pérdida local de especies a actores específicos de la cadena de producción .

Por ejemplo, el estudio pudo estimar que el 86% de la pérdida del hábitat del oso hormiguero gigante (Myrmecophaga tridactyla), ocurrió en el estado de Mato Grosso, impulsado por el consumo de productos que contienen soya en Brasil, China y la Unión Europea.

La sabana brasilera, también conocida como Cerrado, alberga el 5% de todas las especies identificadas en el mundo, muchas de las cuales se encuentran en estado de amenaza, tales como el pájaro carpintero de Kaempfer (Celeus obrieni) y la tórtola de ojos azules (Columbina cyanopis).

En ese sentido, medir cómo el consumo global conduce a la pérdida local de hábitats y de especies, muchas veces culturalmente valiosas, provee una herramienta relevante para abarcar una de las causantes basales de la extinción de especies.

“La pérdida local de biodiversidad es un problema global”, indica Paz Durán, coautora del estudio e investigadora del Instituto de Ecología y Biodiversidad (IEB) y de la Universidad Austral, quien aclara que para detener la degradación del hábitat “debemos enfocarnos en los impulsores de la pérdida de la biodiversidad”.

“La producción agrícola y ganadera se rigen por dinámicas del sistema global que son engorrosas y poco transparentes”, señala Durán, “la soya es un producto en el que en su cadena de producción participan muchos intermediarios; antes se sabía que el producto iba a parar a China, pero no sabía en qué localidad específica de Brasil se producía, por lo que no se le podía asociar una huella de biodiversidad”, explica.

Los 10 países que más importan soya del Cerrado son asiáticos, europeos y norteamericanos. El 55% del impacto total en la biodiversidad se atribuye a alimentos y otros productos que se consumen fuera de Brasil: un 22% corresponde a la demanda en China y un 15% al de países de la Unión Europea como Alemania, Reino Unido, Italia y los Países Bajos.

“El avance más emocionante – al reunir estos sofisticados conjuntos de datos y modelos – es el nivel de responsabilidad que hace posible: ahora podemos empezar a ver exactamente qué empresas y consumidores están dañando a las especies amenazadas, dónde, cómo y con un detalle sin precedentes”, explica el coautor Andrew Balmford de la Universidad de Cambridge, Reino Unido.

Toby Gardner, coautor y director de Trase de SEI, señala que “estos resultados muestran que es posible utilizar los conjuntos de datos existentes para ver a través de la enredada red del comercio global, dándonos la información detallada que necesitamos para idear soluciones. Esperamos que esta metodología se extienda a otros productos agrícolas y ecosistemas en un futuro próximo”.

Prácticas de producción más sostenibles

El estudio da cuenta que muchos de los países involucrados en el comercio de soya respaldan dos iniciativas internacionales que tienen como meta eliminar la deforestación en sus cadenas de producción: la Declaración de Nueva York y la Declaración de Ámsterdam.

Sin embargo, se demuestra que la gran mayoría de estos países tienen en la actualidad niveles de deforestación asociados en su importación de soya. Para cumplir los acuerdos internacionales, éstos van a requerir asegurar mayores niveles de sustentabilidad a sus proveedores brasileños, los cuales podrán ahora identificar gracias a herramientas como la que provee este estudio.

Para Chile, este método es una interesante posibilidad para implementar, ya que ayudaría a transparentar la huella ambiental de nuestras cadenas de producción e incorporar prácticas sostenibles que faciliten cumplir eficientemente el Tratado de New York, el cual plantea que se debe cortar a la mitad la deforestación para el 2030 y eliminarla para el año 2050.

 

Fuente: Programa Vino, Cambio Climático y Biodiversidad (VCCB)